20110105

HISTORIA DE AMOR


Por: Karina Miñano

En un parpadeo la vio venir, una patada directo al pecho. No sintió dolor, no sintió el ardor, no sintió nada. Cerró los ojos y los apretó esperando a que se cansara de golpearla. Pero él no paraba. Cuando iban cuatro dejó de contarlas y las que siguieron ya no dolían. Cuando él se cansó, retrocedió, volteó y salió del cuarto dejándola tirada en el suelo. Ella respiró profundamente e intentó ponerse de pie. Poco a poco, sujetándose, cayéndose y parándose llegó al espejo. Una visión borrosa le decía que ese rostro moreteado, y el hilo de sangre recorriendo su frente hasta la nariz, era su cara. Sacó un papel tisú, luego un demaquillador y con cuidado limpió su rostro quitando todo rastro de maquillaje. Los labios perdieron el tono rojizo para aparecer morados. Cogió el cepillo, acomodó su cabello y empezó a peinarse. Mañana será otro día, pensó.



-Hola soy Raúl. ¿Bailas?
-Hola soy Carmen. Y sí, si bailo. Sonrió picaramente.


En el centro de la pista dejaron huella, ellos eran la pareja de baile del momento. Vueltas, contorsiones, sacudidas, coqueteos, miradas, pasos complicados, como si hubieran bailado toda la vida antes de aquella noche. Luego vino una lenta. Y con ella el beso, el abrazo, el deseo. En los últimos tres años, no han hecho otra cosa que bailar cada fin de semana. Conocen todas las discotecas, todos los bares, todos los pequeños mundos en donde se puede bailar sin pudores y sin falsos modismos.


Cada fin de semana Carmen se pinta los labios de rojo fuego, se pone un vestido discreto pero elegante, lo suficiente para lucir sus movimientos y pasos de baile. Nadie baila como ella y nadie le sigue tan bien como él. Se complementan. El baile es para ellos cosa seria, mientras bailan sonrien, se miran, pero no hablan. Viven la música en sus venas, en sus músculos en sus poros.


Tumbado en el sofa, Raúl calmaba la colera, la impotencia y la amargura haciendo zapping, pero atento a los sonidos que provenían del pasillo. Sobre la mesa de centro un vaso medio lleno de agua, un paquete de cigarros vacío, un encendedor y una revista de modas. El sofá blanquísimo que Carmen se esmeraba en mantener limpio mostraba papeles rotos, manchas de vino y una mancha de grasa. Raúl miro de reojo cuando escuchó la puerta de su habitación. Vio la figura de Carmen ir hacia el baño. Ya no llevaba el vestido discreto y elegante, ni caminaba con tacones altos, tampoco caminaba derecha y rápido. Arrastraba los pies, la cabeza gacha, la bata abierta y arrastrando la basta. Raúl vio la puerta del baño cerrarse y detrás de ella Carmen. Respiró hondo, sintió un alivio profundo y se tiró en el sofa decidido a concentrarse en algún programa de televisión.


4:30 pm. Carmen llegó de trabajar, tirando a un lado sus zapatos de tacón bajo y fue regando su ropa por la casa y contenta y silbando entró a la ducha. Mientras se duchaba el teléfono sono, una vez, dos veces, tres veces. Carmen no lo escuchó. Pensó en la noche por venir en los nuevos pasos de baile que copió de una pareja campeona de salsa a través del internet. Confiaba en que sorprendería. A ella le encantaba sorprender, le encantaba reir, le encantaba bailar. El teléfono volvió a sonar, una vez, dos veces, tres veces. Carmen corrió hacia él pero esté ya no sonaba. No le dio importancia. Preparó la cena y esperó. 5:45 pm. Raúl ya debería haber llegado. El teléfono volvió a sonar. Una vez y Carmen contestó. Raúl estaba tumbado en una cama de hospital luego de un accidente con su bicicleta. El resultado, ambos fémures y el tobillo izquierdo rotos. La rehabilitación sería larga y dolorosa. Carmen pensó “ya no podrá bailar”.


Durante el último año mientras ayudaba a Raúl con su rehabilitación, Carmen no había dejado de ir a bailar ningún fin de semana. Raúl lo comprendía aunque en el fondo no le gustaba, pero pensaba que sería algo temporal. Al principio Carmen tuvo problemas para encontrar a una pareja de baile que la entendiese tanto como Raúl. Una noche mientras bailaba sola en la pista de un local conocido, un colombiano recién llegado a Amsterdam en busca de fortuna, no pudo evitar ir a su encuentro e iniciar juntos un recorrido por la música salsera más sensual y pegagosa de últimos años. Carmen bailó con un nuevo brillo, una nueva ilusión. Desde esa noche de fin de semana y las que llegaron después Carmen no paró de bailar y la pareja era siempre la misma.


Raúl ya podía caminar pero cojeaba y no podía correr o bailar con facilidad. No podía hacerlo como antes, ni como antes podia lucirse en ninguna pista de baile. La frustración le hizo rogar y después exigir a Carmen que ésta no bailara más. Qué se quedara con él fin de semana tras fin de semana. Al principio fue duro, el baile era la pasión de los dos. Ella no podía imaginarse una vida sin baile y él había aceptado con dolor y desesperación que nunca más podría bailar como antes. A pesar de su amor por Raúl, Carmen no aceptó las exigencias de su marido.


Se escapó una noche mientras Raúl dormía. Esa noche bailó hasta el amanecer. Al llegar a casa un irreconocible y furioso Raúl la esperaba para golpearla sin explicación. Descargó su frustración en patada tras patada y puñete tras puñete. Para luego dejarla tendida en el piso, ir al salón de la casa, beber agua y hacer zapping en la tele.


Al día siguiente Raúl lloró y rogó por perdón. Carmen pensó cómo no perdonarlo, si lo amaba tanto. Juntos colocaron hielo en los moretones de Carmen y se olvidaron del tema por esa y las siguientes noches. Hasta que el fin de semana llegó. Un calor y una ansiedad invadía a Carmen. No lo pensó dos veces y le dijo a su marido que iría a bailar. Raul no dijo nada, se dio media vuelta y tiró la puerta tras de si. Carmen bailó otra vez hasta el amanecer. Al llegar a casa la escena de los golpes se repitió. También al día siguiente Raúl lloró y Carmen le perdonó. Hace casi tres meses que la misma situación se repite y a ella parece no importarle. Ella lo ama y él no soporta que ella baile sin él. DEBAJO DE LA PLUMA. CíRCULO D.M.

1 reacties:

  • Victor Solano says:
    13 de enero de 2011, 03:48:00 UTC

    Interesante narración, con un tema que es cotidiano, mas por nuestros lares que por Europa, y muy bien contado, lo cual no es novedad en ti, Karina. Te agregué a mis fuentes RSS, asi que tienes un seguidor mas de tus historias, que te hacen, de cierta forma, estar en Lima y en cada lugar donde te lean. Exitos, y sigue escribiendo, que lo sigues haciendo muy bien.