20200527

Programa [Hecho en casa] radial Círculo Dilecto 29.05.2020.





Esta semana en Círculo Dilecto hacemos una recapitulación de las semanas pasadas en confinamiento con cuatro mujeres profesionistas y emprendedoras. Alejandra Mahiques www.gacetaholandesa.com, Jara Pascual Https://knowco.net, Jane van der Plas https://www.redtalentos.nl/  -https://protium.digital/ e Itzel Medécigo http://www.itzeltrejomedecigo.com/ - Www.cencalli.com 

Además daremos a conocer al ganador del libro "Amigas enemigas" de Isabella Bossi. 
Síganos de cerca! En éstos días daremos a conocer en nuestro blog el libro que sortearémos en el mes de junio. 

Diseñador inmaterial: Rómulo Meléndez.
Locución y conducción: Alejandra Nettel (@alejanettel) & DJ Rengo Estar (DJ de Moda).
Edición: Alejandra Nettel  
Twitter: @dcirculo y también nos pueden encontrar en Facebook. PROGRAMA RADIAL. CíRCULO D.M.


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20200526

Juguetes ingratos - Karina Miñano






Como la mayoría de sus colegas ella también trabaja desde casa. Su contacto social se ha digitalizado y reducido a las visitas semanales al supermercado. Por ahora ha dejado de comprar ropa, zapatos y lencería. Maldita pandemia que la obliga a una abstinencia forzada. No, no vaya a creer el lector que es una crápula, pero sinceramente a ella no le interesa lo que piensen los demás. Disfruta de su libertad con responsabilidad. Y sí, extraña las noches de copas, bailes, coqueteo, conquista, pasión, deseo y despertar con ganas de más. 

Hoy ha salido al balcón para distraerse con el ruido de la calle. Hace calor y la ducha de agua fría no hace efecto. “No es lo mismo -se dice- necesito tacto”. Ve a su vecino caminar en dirección al edificio. Hace tiempo que lo observa, cree que es un poco atractivo, pero no se involucra con nadie que viva demasiado cerca. También le parece aburrido, muy formal. Eso sí, con una sonrisa bonita y unos labios apetitosos. Nunca ha conversado con él más de cinco minutos, y cuando lo hace, solo le mira los ojos y los labios. Ya no soporta el encierro ni la falta de contacto físico. Sus juguetes no le dan la misma sensación que un cuerpo caliente a su lado.
Afuera, el vecino se ha detenido y habla entusiasmado con otra vecina, justo frente a su balcón, sin percatarse de su mirada. Ella lo mira, analiza su cuerpo, de arriba a abajo, mientras muerde una pera. “Qué pena, si llevara los vaqueros más pegados se le verían mejor las piernas y ese culo redondo. Si se peinara diferente, se vería muy sexy”, sonrió coqueta.
En eso, al verlo cruzar la calle y entrar al edificio, olvida la pera y corre hacia la habitación, se pone rápidamente la minifalda y sale volando para apretar el botón de subida del elevador. “Qué adrenalina me da este tipo”, piensa. Él vive en el cuarto piso, ella en el tercero. Nadie le ha dicho no hasta ahora. Se siente muy segura de su carisma, conoce su sensualidad. De pronto, la imagen de la última conquista aparece en su memoria. Repetirá la estrategia, tiene apenas un minuto para lograr su objetivo. Le seguiría hasta la puerta y le robaría un beso. Es su especialidad, además está segura de que ella no le es indiferente. Le había atrapado un día cuando le miraba el culo y otra vez con la mirada en sus pechos mientras hablaban. Entonces se sintió húmeda, su piel se ruborizó, el calor aumentó y sus senos se hincharon. La puerta del ascensor se abre, y allí está, todo desaliñado, con el pantalón que parece caer, con una camiseta más grande que él y las bolsas de la compra en el suelo. 
—Voy de subida, y solo puede entrar una persona por vez, ya sabes, mantengamos la distancia —dice y sonríe. 
Ella con un pie adentro, se ha quedado paralizada, con la mente confusa. Hace una mueca en el rostro, toma aire, le mira y dice:
—Oh, vaya…me equivoqué al apretar el botón.
Y retrocede rápidamente ante el fuerte olor a sobaco y el cabello grasoso e inundado de caspa que se dispersa por su ropa negra. Otra vecina ha salido de su casa, cierra su puerta, la mira, se coloca bien la máscara, ajusta sus guantes y decide tomar las escaleras. 
De regreso en su habitación guarda uno a uno sus juguetes. Luego se arrastra hasta el escritorio, abre su laptop y se pone a trabajar. 
(©2020 Karina Miñano Peña). DEBAJO DE LA PLUMA. CíRCULO D.M.

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20200525

La daga - Reynaldo Bernal C.







                                                            A Santiago.



Afilada y dura, penetra justo entre los omóplatos. Manso
reflejo emite la hoja. En su encargo de romper el tejido
blando, el puñal obediente abre camino con precisión;
irrumpe lentamente, casi como si se enfundara en su propia
vaina. La boca perteneciente al cuerpo lesionado dibuja una
mueca de dolor árido en tanto que se abandona muda al
trágico destino.
Encorvado, el cuerpo mustio se funde lento a la violencia de
la cuchillada mientras la mente, trastocada, se dispersa en
recuerdos de su único hijo. En los laberintos de la memoria
halla al pequeño trepando por el corpachón de su espalda
para terminar afianzado en los hombros. La imagen,
matizada por el sol de una tarde lejana, regresa y se instala
frente a sus ojos con la nitidez del presente aciago, con la
solidez de lo real. El niño extiende alas de avión imaginario
y el padre oye la risita desvanecerse lenta, serena, en los
azogados aires de agosto.
Dócil, el brillo acerado avanza en su quehacer infame. El
pequeño salta ahora a un columpio brisado por él. De nuevo
brota su risa; bulle tibia igual que la sangre que mana de la
espalda del desdichado. Un centímetro más. El niño, algo
mayor, sale por la puerta de la escuela cargando sus libros.
El mandil escolar, ornado de figuritas de colores, se recrea
con la luminosidad que a esa hora pasea por la acera. Sonríe
pequeño, tu padre está aquí, sonríe a la cámara, ¡clic! Él se
abalanza. Los brazos lo reciben vigorosos, amorosos, sin
angustia, con entrega. La sonrisa maternal se margina de la
escena, y él tiene tiempo de rememorar la razón: ve a la
joven madre tomada de mano extraña, huyendo de los dos
en, quizá, cobarde desbandada.
Transcurren milésimas. La punta aguzada sabe que el
corazón es el objetivo, y acecha. ¿Qué será de mi pequeño?
El hombre intuye cercano su final pero es el destino incierto
del hijo lo que nubla el estrecho cerco de lucidez, de juicio,
que aún le queda en el instante mismo del desenlace. La
consistencia del metal, casi hasta la empuñadura, penetra, y
la mano en ella es vital y aprieta fuerte. Arrastrado se siente
el hombre por un arroyo de tiempo enfangado y advierte
ahora que el pequeño no es su pequeño, es un joven que se
recibió con distinción de la universidad; un hombre ya, feliz
y bien criado, orgulloso del mejor papá; que aún en su
ausencia habrá de ser persona de bien, agradecido por sus
fatigas. Y sonríe para sus adentros, como solo puede un
moribundo que le cumplió a la vida que abandona. La
sonrisa no reverbera en los labios, se difumina en el alma,
tornada en regocijos de plenitud.


Habría de morir tranquilo de no ser porque recuerda, en el
segundo final –justo al expirar su último aliento– que antes
de hincarse, anciano, para destapar el sifón del baño, hizo la
cama de su hijo y advirtió, bajo la almohada, aquella extraña
hoja de metal. La misma que ahora le rompe el corazón y lo
lleva a morir sumido en la más viscosa de las tristezas.

Escrito en el 2016. SIN VéRTEBRAS. CíRCULO D.M.

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20200524

Aquellas cosas - Juan C. Tajes









Añoro ya la tarde de verano

Al rítmico crujir de aquella cama,

En la que fuimos juntos viento y llama,

Cuando bebía el agua de tu mano


Y de tu boca el beso. Y el malsano

Sonido de tu voz que aún me llama

Repitiendo mi nombre. Pobre cama.

En tu colchón de muerte me arrellano.


Nido de sueños, goces, de esas cosas

Pasajeras. Urdimbre de otros sueños

Que tejen de mi vida el entrevero


Al ritmo de tu cuerpo. Son las cosas

Que me atan al recuerdo. Son los sueños

Del viaje por tu cuerpo. Y del viajero.



 

Setiembre 2019. SIN VéRTEBRAS. CíRCULO D.M.

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20200523

El maestro - Juan Carlos Valdés






Los maestros se habían convertido en lectores de sistemas computacionales,
las órdenes eran comunicadas por escrito en pantallas de tecnologías de punta,
sintiéndose atado a la silla del pensar, tratando de conseguir trabajo en una nueva sociedad
de centros del saber y de preguntas sin respuestas.


El saber estaba adjunto al poder de la vida que establece estudios de la mente al tratar de comprender investigaciones solucionadas por el profesor.

Viviendo en sicosis, donde existe el atardecer de la noche que contiene el pasado del maestro al comprender la vida en disturbios en el momento que señalara la moral del pensamiento.

Estamos atrapados en el accionar de la vida, al callar de temprano, haciéndose amigo del silencio en un te amo y en miles de versos que hacen sentir la ilusión, de saberte mía.

La calma del pasado en el tiempo la ha apagado el comprender del nacimiento y la mano en maderos, de clavos oxidados y un martillo que le hayan crucificado. SIN VéRTEBRAS. CíRCULO D.M.

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20200522

Olor a infancia - Jorge Menoni







Tendió la mesa
bajo el árbol
de naranja agria

No olvidó ningún detalle

el mantel blanco
los tallarines de domingo

el vino
una fruta
el florero
con hierbas aromadas

la vieja radio
llena de música

Un par de sueños quebrados
las voces de su familia ausente
tan cercanas

Nada más
no era necesario

De pronto
el viento se descolgó
desde el Sur
cortando el aire

Y se largó el aguacero
y subió el olor a tierra mojada
Y fue ese el único momento
de su vida

que empapada fue feliz.

Hay días que existimos
de a ratos.



Ámsterdam Mayo 2020. SIN VéRTEBRAS. CíRCULO D.M.

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