Entrevista a Karina Miñano Peña, poeta, escritora, conferencista y profesora de escritura creativa.
Entrevista de Rómulo Meléndez, en nombre de Círculo Dilecto, a Karina Miñano Peña.
Entrevista | Literatura, migración y memoria
En el cruce de lenguas, geografías y memorias se sitúa la obra de Karina Miñano Peña, poeta y narradora peruana radicada en Nieuwegein, en los Países Bajos. Su reciente iniciativa de crear una asociación de escritores hispanófonos en Holanda abre un nuevo capítulo en su trayectoria: el de tejedora de comunidad, promotora cultural y puente entre continentes.
Desde esta doble condición —creadora y gestora cultural—, proponemos las siguientes preguntas para una conversación profunda sobre identidad, escritura y diáspora.
Vivo en otra lengua, pero no escribo en ella. Eso ya dice algo. No he cambiado de voz, pero sí de lugar desde donde la escucho. Y esa distancia -que no es cómoda- me ha obligado a ser más honesta
con lo que escribo y con lo que decido callar".
1. Migrar implica una fractura y también una expansión. ¿Qué partes de tu identidad literaria nacieron del desarraigo y cuáles se fortalecieron gracias a él?
El desarraigo no me dio nuevos temas. Lo que hizo fue ampliar lo que ya estaba y obligarme a escribir sin el soporte del contexto que antes daba por hecho, ese que sostenía imágenes y referencias sin necesidad de explicarlas.
En ese proceso tuve que preguntarme qué de todo eso era realmente mío. Mi escritura entonces se volvió más desnuda.
Lo que sí se fortaleció fue la conciencia del lenguaje. Me di cuenta de que muchas veces escribía apoyándome en referencias compartidas como gestos, códigos, e incluso silencios, que el lector reconocía sin esfuerzo. Ahora no.
Si algo no se construye dentro del propio texto -sea un poema, un relato o un ensayo-, se pierde.
Eso me ha llevado a ser más clara en lo que sugiero y más rigurosa en lo que decido no decir.
2. Escribir lejos del país de origen transforma la memoria. ¿Tu Perú interior es hoy más territorio emocional que geográfico? ¿Cómo dialoga ese recuerdo con la cotidianidad neerlandesa?
El Perú para mí ya no es un lugar al que pueda volver sin fricción. Se ha vuelto una construcción más fragmentada, más selectiva. No es solo memoria: es lo que queda después de haber olvidado ciertas cosas.
No intento reconciliarlo ni reemplazarlo con lo neerlandés. Conviven, pero no se mezclan del todo.
Pienso y escribo en español; el neerlandés es una lengua que habito, pero no organiza mi mirada. Esa distancia sigue ahí, y con el tiempo he entendido que también forma parte de mi manera de mirar.
Me interesa esa incomodidad. Me obliga a detenerme más, a observar mejor. Prefiero quedarme ahí antes que forzar una síntesis que no sería honesta.
3. Fundar una asociación de escritores latinoamericanos supone un acto político y cultural.
¿Qué vacío personal o colectivo sentiste que era necesario llenar con esta iniciativa?
Primero e importante, no es una asociación de escritores latinoamericanos, sino de escritores hispanos. Eso cambia el enfoque porque no se trata de origen, sino de lengua y de trabajo literario en español dentro de este contexto.
Más que un vacío, había una dispersión. Sabía que había autores escribiendo, publicando incluso, pero sin un espacio común donde esas voces pudieran reconocerse, dialogar y tener visibilidad dentro del ecosistema cultural neerlandés.
La asociación nace de ahí, y también de una intención más clara: construir más que reunir. Generar una estructura que permita presencia, interlocución con instituciones, y continuidad en el tiempo.
Me interesa que la escritura en español aquí deje de ser algo aislado o circunstancial, y empiece a ocupar un lugar propio, con proyectos, redes y proyección.
4. En la diáspora, la lengua se vuelve hogar. ¿Cómo experimentas el español: como refugio, resistencia, puente o territorio en disputa?
El español es la lengua en la que me reconozco, es el lugar donde puedo pensar con más precisión, y también donde cargo con más matices.
En la diáspora se vuelve varias cosas a la vez, es refugio cuando necesito sostenerme, puente cuando quiero dialogar con otros, y un territorio exigente, porque no es una lengua neutra. Es la lengua en la que trabajo, y la que me obliga a no simplificar.
5.La poesía suele nacer de la herida, pero también de la contemplación. ¿Qué silencios interiores te han enseñado más que las palabras?
He aprendido a prestar atención a lo que ocurre cuando algo se detiene. No solo en las personas, también en lo que me rodea, el espacio, el paisaje, el ritmo del trabajo, incluso y sobre todo el
cuerpo.
En esas pausas hay información. En lo que no se dice y en lo que no ocurre, en lo que se interrumpe o queda en suspenso. Con el tiempo entendí que ahí hay materia para escribir.
Antes tendía a llenar esos espacios. Ahora los observo, los escucho, dejo que se asienten. Y desde ahí, mi texto cambia. Se vuelve más atento y menos apresurado.
6. Como promotora cultural, acompañas la voz de otros autores. ¿Cómo equilibras el impulso íntimo de escribir con la responsabilidad pública de representar y articular una comunidad?
Acompañar la escritura de otros me ha enseñado a leer de otra manera. A detenerme, a escuchar lo que un texto intenta hacer y a señalar, con cuidado, dónde se sostiene y dónde se debilita.
Hay una responsabilidad grande allí. No se trata de imponer una voz, sino ayudar a que cada quien reconozca la suya y la trabaje con mayor precisión. Eso implica desarrollar una mirada crítica que no busca corregir por corregir, sino abrir posibilidades.
Esa forma de leer también vuelve sobre mi propia escritura. Me obliga a ser más rigurosa, a no conformarme con lo primero que funciona, a revisar con la misma exigencia con la que acompaño a otros.
No siempre es un equilibrio cómodo, pero hay un punto de cruce: cuando el trabajo con otros afina mi mirada, y esa mirada, a su vez, regresa al texto propio.
7. Vivir entre culturas puede generar una identidad híbrida. ¿Sientes que tu escritura tiende puentes o que revela tensiones entre América Latina y Europa?
No lo vivo como una tensión entre América Latina y Europa, ni como un intento de tender puentes de forma consciente. Lo que hay es un proceso más lento, más personal. Vivir aquí ha ido moviendo mi manera de pensar, de mirar, de entender ciertas cosas. No de forma abrupta, sino paulatina. Eso inevitablemente entra en la escritura, pero no como un tema en sí, sino como un cambio en la perspectiva. Hay cosas de las que me he ido alejando, otras que se han vuelto más nítidas. Tampoco intento resolverlo en el texto. Es un proceso que evoluciona cada día y la escritura lo acompaña.
8. Toda creación literaria implica una toma de posición ética. ¿Qué convicciones profundas sostienen tu obra cuando abordas temas de identidad, memoria o pertenencia?
Mis convicciones no pasan por defender una identidad en términos cerrados, ni por marcar pertenencias. Creo en la libertad, en los derechos humanos, en la igualdad y, sobre todo, en la equidad. Me interesa cómo esas ideas atraviesan la vida cotidiana, las relaciones, los cuerpos, lo que se dice y lo que se calla. También tengo una preocupación real por la salud mental, por cómo se sostiene una persona en medio de sus procesos.
Mi línea de pensamiento es muy clara: el rechazo a cualquier forma de abuso de poder, venga de donde venga -personas, instituciones o estructuras-. Estas convicciones no siempre aparecen como tema explícito, pero sí como una forma de mirar y de decidir qué se escribe y cómo se escribe.
9. La distancia modifica la mirada sobre el país natal. ¿La nostalgia idealiza, cuestiona o reescribe tu relación con el Perú?
La distancia ha hecho más consciente mi relación con el Perú. Con el tiempo he cambiado la forma en que miro ciertas cosas que antes me eran naturales. No desde el rechazo frontal, sino desde una necesidad de pensar con más autonomía.
Tampoco se trata de la nostalgia constante. Es un vínculo más puntual, incluso contradictorio.
Aparece en momentos muy concretos como un logro colectivo, o una celebración; y ahí sí siento la ausencia de no estar, de no compartirlo, como ocurrió con el pase a Rusia 2018.
Pero fuera de esos momentos, mantengo una separación real. No idealizo ni intento reconciliar todo.
Mi admiración no está puesta en el país como idea, sino en las personas que sostienen lo difícil: quienes trabajan sin descanso, quienes crean iniciativas para cuidar a otros, quienes se organizan para denunciar abusos que afectan sus territorios. Personas que resuelven como pueden. Ellos me incomodan, en el mejor sentido, porque evidencian mi propia posición, más protegida. Esa tensión también forma parte de mi relación con el Perú.
10. Al impulsar una red de escritores hispanófonos en Holanda, también estás construyendo legado. ¿Cómo imaginas que este proyecto transformará no solo el panorama cultural local, sino también tu propia evolución como autora?
No lo pienso en términos de legado, al menos no todavía. Me interesa más que el proyecto funcione, que genere espacios reales de encuentro, lectura y trabajo, y que la escritura en español tenga presencia dentro del contexto cultural neerlandés.
También hay una intención clara de construir algo que no dependa de lo individual. Que exista una estructura que permita continuidad, interlocución con instituciones y visibilidad para autores que, de
otro modo, quedan dispersos.
En lo personal, este proceso me está moviendo. Me obliga a ser más clara en lo que propongo, más rigurosa en cómo trabajo y, sobre todo, a escuchar más. Sostener un proyecto así implica salir de la escritura como espacio exclusivamente íntimo. Y eso, inevitablemente, vuelve sobre mi propio trabajo, es decir, me exige coherencia entre lo que escribo, lo que pienso y lo que impulso.
Sobre la autora.
Karina Miñano Peña es poeta, escritora, conferencista, profesora de escritura creativa.
Su trayectoria incluye la participación en múltiples talleres de poesía y relatos, y ha desarrollado su carrera con un enfoque en la igualdad de género, reflejado en su libro Remolino de sueños, una historia sobre la lucha por la igualdad de las niñas y mujeres afganas. Antes de mudarse a Europa, Karina trabajó en periodismo, fue analista de comunicaciones y profesora de análisis de mensajes y semiótica en la Universidad de San Martín de Porres en Lima, Perú.
Desde 2004, vive en los Países Bajos, donde contribuye a la promoción del español y a la traducción de literatura hispana al neerlandés como consejera del Fondo de Literatura Holandesa. Dirige el programa "Por debajo de la pluma" en la plataforma social "Cuéntame un libro" y mantiene una activa presencia en redes sociales. Cada sábado, Karina lee poesía de diferentes autores en su "Sábado de poesía" en Instagram y Facebook.
Su primer libro de poesía Mientras el roble cede a la noche (Editorial Traveler, Sello Aurora de poesía) salió a la luz en mayo de 2025. Sus trabajos (poemas y relatos) se publican en los blogs "Papeles encontrados" y "Liberemos las palabras". Así como en antologías, entre ellas La Ninfa Eco: Writers from Across the World, Letras rotas, dolores del alma, y Licencia para mentir, prologado por el poeta Benjamín Prado. Su expertise en marketing digital le permite promover eficazmente la cultura y la literatura, buscando siempre inspirar a otros a través de la enseñanza de la escritura creativa y enriquecer el panorama literario con voces únicas.
Como conferencista, en mayo y octubre de 2024 formó parte de la mesa redonda Cuatro poetas con Hemingway en la que habló sobre los puntos de convergencia entre el poeta peruano César Vallejo y Ernest Hemingay, en el instituto Cervantes de Estocolmo – Suecia y Utrecht – Países Bajos, respectivamente, junto a otras tres escritoras. Y en junio del mismo año su pasión, enfocada en la vida y obra del poeta peruano César Vallejo y su esposa Georgette Philippart Vallejo la llevó a dictar la conferencia Tras el recuerdo de Vallejo en el centro cultural El Ateneo de Ámsterdam (2024), en el Centro hispano en Amersfoort y en el Instituto Cervantes de Utrecht en Países Bajos (2025).
Es licenciada en Ciencias de la Comunicación por la Universidad de San Martín de Porres en Perú y tiene un máster en Escritura Creativa por la Universidad Internacional de Valencia, España. También se graduó como profesora de escritura creative en la Universidad de Alcalá, en España.
Karina también es marketera corporativa digital.SIN VéRTEBRAS. CíRCULO D.M.
Bonus: Karina lee el poema "Miradas" de su primogénito libro de poesía: "Mientras el roble cede a la noche".
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