20220526

Oda al arroz con pato.





Por Miguel Rodríguez.


Dice el poeta con rayos y centellas en su voz:

Lo que cae

No son gotas de sangre ni lluvia

Ni papel picado que festeja la reelección del eterno mandatario

Ni balas de masacres ni trozos de carne

Ni pelo ni uñas

Lo que cae de las azoteas de los edificios más altos de la Ciudad

Gótica

En medio de la alegría y las palmas de los murciélagos

Lo que cae como una manzana

Son tigres elefantes serpientes y hermanos

Gatos amantes liebres orangutanes

Cosas que nadie ha visto y que esta ocasión tampoco

Verá…

¡Pero sí comerá! ¡Con estos bellos versos pulsionales y flamígeros se inagura el

festín del pato que comeremos! ¡Del pato peruano! ¡Del pato chiclayano que

cabalga en los canales de la memoria y de la infancia! ¡Olor de la tierra! ¡Del

adobe! ¡De la quincha! ¡Nubes de polvo en algún pueblo joven! ¡Chichería

bandera blanca bandera roja! ¡Pato rey en el plato que ha preparado mi tía

Blanca de Chiclayo! ¡De nuevo el olor del adobe! ¡Pato cagón de la terra nostra!

¡Tres pisadas y una cagadita, flaf! ¡Pato del cielo de Chiclayo, chiclín,

chiquifrey, chiquitoy, chiquián! ¡Pato brujo! ¡Pato eterno como el ruiseñor de

Keats! ¡Pato digno del Conde de Lautréamont! ¡Pato en el corral de la infancia

eterna! ¡Esto que aquí escribo es una oda al pato del Reino, amigos!

Previa conversación telefónica vía Messenger, acordamos con el poeta LM

Hermoza reunirnos el sábado 16 de abril del 2002 después del viejo Jechu, para

degustar un arroz con patibiris estilo norte, con su respectivo zapallito loche, con

su respectiva chicha de jora… Y como lo que más se parece a este néctar patrio

es la deliciosa chela belga Leffe de oro, esa le aplicaré, pura alquimia, luego una

chelita negrita Pelforth, y estilo loche un zapallito de la región, y ya, qué más

pide el pueblo…

Había una lucha

En el cielo


La noche

Nubes entrelazadas

El sonido del mar entrando y saliendo

Peces muertos en la orilla escupiendo burbujas

Buques de guerra como sombras de madres

Palomas ardillas

Viejos amigos ahogados flotando boca arriba de nuestras palabras

Que el viento no llevó…

Como no es fácil conseguir el rico Mac pato patibiris, incluso en la

carnicería donde hay que pedirlo con anticipación, fui el jueves 14 al

Intermarché, donde se puede encontrar en stock cuatro piernas de algún pato

medieval en los escaparates, junto a los llopos de granja. Esta pieza con

encuentro es la propicia, la ideal, la emblemática. Se sirve un cerrito del rico

arroz, cocinado con el mismo líquido mágico donde se coció el pato patibiris

previamente frito, encima la piernita, salsa criolla, su ajicito por siaca, y ya.

A mi sentir más que a mi entender, en esto de la poesía, el rasgo esencial es

simplemente ser, ser o no ser. Ni malo, ni bueno, ni excelente, el detalle carece

de importancia, sólo ser, simplemente, es decir, ser verdadero. Además, quiénes

somos para juzgar las composiciones ajenas, que corresponden al universo

personal del autor, esto se me ocurre constatando que el poeta es de los

verdaderos, de los genuinos, de los auténticos. Cada quien es su juez, aunque no

tiene porqué serlo. Si uno se sabe verdadero, lo ideal es que seamos amigos

nuestros. Pero bueno, sigamos con la feliz constatación, con una nueva muestra

o botón de lo que es un verdadero poeta dinamitero del verbo, una suerte de

arcángel negro narcotizado agitando sus alas de ácido muriático y de fuego

Que el viento no llevó

Que tragó la arena

El llanto de gaviotas

El grito de gaviotas

La risa de gaviotas bajando de la isla

Sus alas plateadas y encendidas

Por el fuego azul

De nuestros ojos

Había coca cigarro

Harto trago

Y tú

Y yo

Sobre la arena


Siento que todo poeta digno del nombre, en el transcurso de su aprendizaje,

tiene varios maestros de manera general, pero también uno o unos pocos

particulares, personales, ese o esos a quienes se adapta, como un guante a la

mano, nuestro temperamento gracias a una serie de afinidades y

correspondencias repletas de misterio. En el caso del poeta, veo surgir la sombra

luminosa del arcángel dinamitero, Isidore Ducasse, Conde de Lautréamont…

¡Salú por eso! Para muestra, un botón arrancado de las solapas de Pueblo joven

II, que tiene la particularidad de haber sido escrito en forma bíblica de capítulos

y versículos… El versículo 120, reza:

Piedra, madera sobre madera, cuerpo sobre cuerpo, olla

Que pareciese olla, silla, mesa, sillón entero, cuerpo con

Entrañas, brazo con mano, burro o caballo con vida,

Gallina, gallo, cerdo, cuy, nada que se pareciese a algo,

Al mediodía habíamos acabado e intentamos dormir la siesta,

En medio del olor a sangre seca

Pero volvamos, en este instante preciso, a la divinidad del pato.

Pato es un término genérico que designa a los pájaros acuáticos anseriformes*

de cuello corto, provistos de un largo pico amarillo aplanado, con paticas

amarillas palmadas y cola puntiaguda, domésticos o no.

*anseriforme, adjetivo zoológico. Dicho de una ave nadadora de pies

palmeados, de cuello corto o largo, de pico achatado o no (cisne), que antes se

clasificaba como palmípeda, como el pato, el cisne etc etc.

En el Intermarché de Lambesc, luego de acaparar las preciosas piezas por lo

general difícil de conseguir, y para anticipar, compré las alverjitas, el arroz, las

zanahorias, los pimentones rojimios. Después, pasé buena parte de la tarde

leyendo los versos y versículos del poeta, afecto como este servidor a Hölderlin

y a Georg Trakl

Gracias a Hôlderlin salí a buscar

A Trakl y lo encontré probablemente me

Estuviese esperando desde que salió de

Imprenta probablemente desde

1977 probablemente ahí estaba estuvo

Pero no en la primera sino en la última

Librería a la que entré salí

Del metro y recorrí 8 veces la plaza bajo

Mi tormenta morada buscando el libro


Ese jueves también invitamos a Eliott, que gentilmente se propuso como

cocinero para confeccionar un pollo al limón aromatizado con ají d’Espelette,

no, no, mejor lo preparas el domingo, vénte este sábado tipo una, para que

pruebe el arroz con pato patrio… Y hablando con él le cuento que es un plato

originario de la región norteña de Lambayeque, y específicamente de Chiclayo,

y que data de mediados del siglo 19, y que, anticipando a Neruda, el poeta

español Próspero Pereyra compuso, en 1860, una oda al arroz con pato que llega

al Reino como una variedad de la famosa paella… Pero aquí, en estas vastas y

ricas tierras, se le añade el ají amarillo y la chicha de jora, una bebida

embriagante precolombina base de maíz fermentado… ¡Y aquel sábado en

Lambesc, todos contentos, el poeta y compañera, Boconcita y el suscrito, Eliott

y hasta mi gato! ¡Esta es la nueva oda al arroz con pato! SIN VéRTEBRAS. CíRCULO D.M.