20100304

LA FUERZA BRUTA DE LA POESíA



por: Luis Enrique Amaya


Finales del 2009, era un acto cultural en mi comunidad, cuando una amable y muy atenta abuelita me intercepta, me agradece por las palabras vertidas en mi presentación, compra mi poemario y seguidamente procede a invitarme a una jornada, retiro, especie de congreso de una agrupación de vecinos de la tercera edad. Acepté. Siempre acepto. La jornada era en Chosica, en un centro recreacional, era invierno en Lima; pero en el centro recreacional era verano, había buena atención, viáticos, refrigerios, todo estaba bien, lo que teóricamente no estaba muy idóneo era mi presencia ahí. Esta era una agrupación de vecinos de la tercera edad, si, pero el detalle consistía en que estaban “bien entrados” en la tercera edad. Eran señoras y señores de nuestros pueblos jóvenes, muchos rozaban entre los 75 a 85 años. El encargado de cerrar ésta jornada, con un acto artístico, el encargado de la “parte cultural” era éste poeta sin poemas. Se acercaba el momento de mi presentación y mi pregunta se hacía cada vez más estresante. ¿Qué truenos les voy a recitar?. Hablar no era el inconveniente, 4 años en la Radio, casi 10 por las aulas, y casi toda una vida en escenarios, plazas, auditorios, le dan a uno un cierto oficio y hasta “mañosería” para salir bien librado del más feroz y exigente público, ¿pero qué recital poético ofrecerles a ese público tan característico de los cuales probablemente muchos, ni siquiera podían oírme bien?. “P... M...” repetía una y otra vez para mis fueros internos, cual si fuera un gayatri, un mantra, una oración..
Los poetas casi nunca miramos para atrás. Se dice que cada poema es una derrota; derrota porque ese sentimiento, obsesión original que animó un poema, nunca, nunca lo podremos plasmar, retratar, fotografiar tal como lo concebimos. Para ese olor, la luz de esa cabellera, el sabor de esa lágrima, nunca encontraremos las palabras precisas que atrapen y guarden en toda su dimensión toda esa belleza que nos movió a enfrentarnos a ese desierto que es la página en blanco; por lo tanto cada poema es una capitulación, un campo de batalla donde luchamos ferozmente, pero donde siempre se nos vence. Cada obra de arte es una derrota. Será por eso que los poetas no miran para atrás, será por eso que en los recitales y lecturas siempre queremos leer lo nuevo, lo inédito, lo calientito. Será porque quizás pensamos que en esos “Ultimitos” la derrota debe ser menos, que en esos “Fresquecitos” hemos estado más cerca de la victoria, que no hemos perdido tan estrepitosamente, porque ya estamos mas maduros; cada vez más duchos en el manejo de nuestra herramienta, hemos recorrido más, surcado más. Por ende tratamos de desentendernos de las derrotas vergonzosas de las “Plaquetas del Ayer”, de los Autogoles de huachita que nos hacíamos ayer. (Por ejemplo “La víspera indeleble”, el primer poemario de Mario Benedetti era el hijo casi negado de nuestro uruguayo Universal).
.Si fuera un poeta que se respete, un poeta determinado a entrar en el Top Ten, en el ranking del dial cultural, saldría en peregrinación por la casa de todos los amigos y conocidos que compraron mi primera plaqueta; pagaría precio por cada una de ellas, y recuperadas todas, las cremaría, para desaparecer de mi hoja de vida ese folio de lugares comunes, hurtos al buen rock argentino, y remedos de Perico a Mario Benedetti, llamado “Una canción sin permiso”. Pero en ese crepúsculo, en ese sol para jubilados, sucedió una de las principales lecciones que aprendería no sólo como poeta, sino como ser humano.

Dentro de mi lógica de hombre de cultura con galones, que separaba siempre en ordenados anaqueles lo que es arte mayor y menor, y frente a esos seres humanos que estaban mas cerca de su muerte que de su nacimiento, no se me ocurrió más lúcida idea que la de recitarles el Poema “Cada vez que digo mami” (según yo, Poema de arte menor para “entendimientos menores”) perteneciente a la primera plaqueta de la que hablábamos. Quise salir del paso, y resulta que me encontré con un nuevo camino. Declamé, hubo brillos en esos ojos que ya han gastado todo su brillo, hubo finos suspiros en esos pechos en donde resopla a traspiés una pesada y lenta maquinaria, hubo lágrimas, sonrisas con gratitud, palmas. Siempre llevo poemarios conmigo a todos los eventos, a petición de los presentes puse en venta mis plaquetas, las autografié, repartí por derecha e izquierda mis teléfonos y direcciones, hable con paciencia de franciscano con cada uno de ellos, pero al final, ya en el autobús que nos traía de regreso, la empatía, el amor a primera visión se interrumpió por unos instantes, hubo un reclamo, una huelga, debido a que un viejo increpó : “Señor dónde está ese poema que Ud. nos recitó, dónde está el poema MAMI”, a lo que otra señora de su promoción coincidió con el “Sí es cierto, dónde está el poema a su madre, dónde”. Los cuchicheos se incrementaban “Sí, dónde está, yo compré el poemario por ese poema, no puede ser, yo quiero ése poema”. Me tocó explicar asiento por asiento que ése poema era un verso muy antiguo, de mis primeros libros, que ya no me quedaban ejemplares de esos libritos, pero que prometía reeditarlos, a lo que el primer viejo respondió “No, hasta que lo reedite eso es mucho tiempo, Ud. va a escribir a máquina ese poema, lo fotocopia, nos busca y nosotros le compramos ese solo poema”. Es así que se cerró la mesa de negociaciones y conciliaciones, asentí, y la empatía, el amor a primera vista regresó, y volvimos todos en Santa Paz a Lima.

Parafraseando a Neruda “¿Puede la Poesía de uno, luego de esa prueba de fuego, ser la misma?”. Escribo poca poesía, desde hace unos 4 años produzco a cuenta gotas, me “inspiro” con mucho trabajo, y lo poco que saco al aire lo saco con esfuerzo de picapedrero; pero ese poco que he sacado en estos años lo he producido con mucha responsabilidad, sudándomela, poniendo toda la carne en el asador. Aún así considero a mi trabajo burdo, elemental, mis versos son un campo de batallas del rey Pirrio; pero si pienso ésto de mi poesía actual ¿imagínense que pensaré de mi Poema “Cada vez que digo mami”?. Repito, si fuera un Poeta serio, ése Poema lo escribiría en papel colorido y perfumado de adolescente, se lo daría a mi señora madre con un beso en la frente, para que ella lo guarde en su cajón de recuerdos personales, cajón del cual ése poema nunca mas debería salir; pero no, no soy serio, nunca he sido un intelectual, y he sacado este poema a la luz del mundo en otras oportunidades, ante niños, políticos, plazuelas. Hace poco un escolar me pidió que copiara mi poema “Mami” en su cuaderno, porque no tenía dinero para comprar mi plaqueta. ¿Puedo entonces hablar de poesía mayor y menor dentro de mi obra poética?, ¿Podemos hablar de poesía mayor y menor dentro de la poesía en general?, ¿Es mayor un poema cuando tiene una reseña en “El Comercio”?, ¿Es menor un Poema cuando sólo lo festejan los Jubilados de los Parques?, ¿Si me traducen al vasco “unos amigos”, si me incluyen en una antología “Otros amigos”, si me invitan a un festival en Brasil “Amigos”, si me entrevistan en una importante Revista editada “Por Amigos”, si leo un recital donde me celebran “Los Amigos de mis Amigos que también son mis Amigos”.... entonces mi poesía es mayor?, ¿Si sólo conocen mi poesía escolares de las nocturnas, los más olvidados entre los olvidados del sector estudiantil, entonces mi poesía es menor?.
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No intento conceptualizar sobre poesía, no lo intento porque además no podría, no sabría; pero como hombre que intenta mirar su tiempo, contar de lo que pasa en su tiempo, aportar a su tiempo, diré que tengo algunas ideas fijas, inamovibles sobre la poesía.
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No todos los que escriben versos son poetas. No todos los que tienen libros de poesía son poetas. No te hace más poeta el hecho de haber participado en festivales nacionales e internacionales, antologías, muestras, lecturas. La poesía no tiene en lo absoluto que ver con eso (y se los dice un creador que ha transcurrido por los espacios mas oficiales y mas marginales del país). Es un error señalar como gran poeta sólo aquel que experimenta, que alza las banderas de la vanguardia. Puede ser un gran poeta también aquel que guarda una tradición, una identidad. Así como no sólo es genial músico aquel que fusiona, rompe canones, también podemos encontrar la genialidad en el que canta los humildísimos huaynitos, enterrados panalivios, sikuris. En la dinámica y dialéctica del arte son tan importantes los que rompen, como los que conservan. Los que no entiendan ésto que vayan a lanzar tarros de pintura en la pared de una galería en Miraflores, y decir que eso es arte (Como en efecto lo hizo un pintor del que no me acuerdo y probablemente nadie recordará, en los años 90).
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Soy un autoexiliado, un lobo que se adentra cada vez mas en la gran estepa de la marginalidad, y debo confesar que solamente estando entre los mas humildes de la tierra es que he llegado a coquetear con eso que llaman felicidad y sentido de una vida. Soy un duro, lo sé, sé que mis intervenciones públicas y escritas ocasionan mas de una pasión, tanto adeptas, aliadas, como recalcitrantemente contrarias a mí. Se me mira mucho con el rabillo del ojo, se cuchichea a mi paso, adivino marcada distancia y hasta, increíblemente, temor en algunas miradas, otros más avezados (algunos sólo cuando están avivados por el alcohol) me retan al paso, al esgrima de la polémica en los momentos mas inauditos, cuando estoy relajándome en el msn, revisando mi correo electrónico, brindando con cercanos amigos, se me plantan en frente y me cachetean con su guante invitándome al duelo, y mi reacción es “caray... pero si yo sólo pasaba por aquí”.
.Gases del oficio, porque nunca he cultivado la condescendencia, la falsa modestia, la diplomacia del que nunca se equivoca y no queda mal con nadie. No me interesa contribuir a mantener la paz, vigilar por la buena convivencia de un ecosistema de Poetas que han secuestrado a la Poesia para usufructo de sus placeres y amores propios. “Hay cosas que no se dicen Amaya”, era el comentario que con todo el aprecio del mundo me aconsejaba una buena amiga del arte, a lo que yo respondo : Sí, hay que decirlas compañera, hay que pronunciarse, desafinar este coro de parroquia con camisitas blancas y corbatitas michis, Parroquia donde el cura siempre se queda con las limosnas de los bien intencionados feligreses; pero el corito sigue cantando no mas. Hay que introducir el debate, colocar el coche bomba que sacuda a este mar muerto, que acabe con esta calma chicha..Si me asignaron el papel del convidado de piedra en la gran cena de la poesía, si la fiesta no es para feos, éste burro se queda con mucho gusto en la puerta del baile. Unos pretenden armar a los poetas con fusiles, otros están a punto de inscribir las polémicas con Thays, Faveron y Cueto como nuevas carreras profesionales, otros ven como realización personal pisar el Centro Cultural de España o la puesta de moda Casa de la Literatura Peruana. Por mi parte hace años elegí mi papel, yo me voy al campo, al obraje. Comprendamos que no todos podemos ser Doctores, no todos podemos ser Gerentes, no todos los Jóvenes del Perú pueden entrar a la Universidad, ¡Eso sería el caos nacional!. No me interesa mandar mi currículum para esos puestos, la Poesia necesita más mano de obra y yo hace rato elegí el overol con mi gorrito de papel periódico. A los que me quieren bien, sólo denme una caricia en el hombro o una Escuelita Fiscal a donde pueda conocer a otra Melissa Patiño, a otro Carlos Tolentino, con eso éste obrero, que no es calificado, se dará por bien remunerado..
Ahora apago el ordenador, porque hay que editar un boletín con poemas de escolares de Villa María del triunfo; hay que difundir un Cine Club donde la entrada costará un sol, sol que servirá para impulsar el Frente Cultural que hemos conformado en Lima Sur, frente integrado por músicos, escritores, poetas, actores, jóvenes buenos que sólo intentan proponer leyes, marcos legales y concretos para que las expresiones mas sensibles de los hijos de Villa María puedan transitar; luego hay que preparar el programa de radio del domingo, programa que hemos defendido durante 4 años y por el cual nunca hemos recibido pago alguno, y en fin varias labores más. Aquí plantación adentro siempre hay mucha caña que cortar, mucha zafra. Esa es la agenda, el relato de los días y semanas de los que impulsados por grandes sentimientos de amor (así suene mesiánico, a vocación de Santa Rosita, cursi) optamos por ser : LA FUERZA BRUTA DE LA POESÍA. 





SIN VérTEBRAS. CíRCULO D. M.