Entrevista a Hans Giébe, rapsoda mexicano.

 





Hans Giébe es un creador multidisciplinario: poeta, artista plástico y editor, además de abogado. En su perfil de viajero, ha tejido una trayectoria entre Ámsterdam, París, Münster, Bruselas y otros lugares antes de retornar a México, donde actualmente reside. Su participación en el circuito literario europeo, particularmente en Ámsterdam con el libro Extracto MMXIII, revela una voz que transita entre lenguas, geografías y disciplinas. Rómulo Meléndez, creador de la Plataforma Cultural Círculo Dilecto Ámsterdam, se encargó de las preguntas a nuestro dilecto amigo Hans Giébe.

 


1.     Trayectoria y ciudades.

Hans, has vivido en ciudades con identidades culturales muy marcadas como Ámsterdam, Münster o París. ¿Cómo describirías la huella específica que dejó cada una en tu sensibilidad artística y en tu forma de narrar el mundo?

 

Cada ciudad en la que he vivido es definida por una personalidad maravillosa, ostentando una peculiar manera de interpretar al mundo. Similares a un organismo que respira y crece, como si tuvieran una única raíz para todo un bosque, las ciudades mantienen una identidad regional, gustos cultivados y un particular carácter derivado de su geografía. Esto se debe a que su manera de ser no está en la infraestructura o en sus dimensiones, sino en el factor cultural e histórico propios de cada zona. He conversado con cada ciudad como si fuera una musa. Me han dado cobijo, me han aleccionado y me han transformado. Münster me forjó; Ámsterdam me templó y París afinó mis percepciones.   

 

2.     Alemania como punto de quiebre.

En Münster, conocida por su historia y su frescura cultural, ¿hubo algún momento o experiencia que redefiniera tu rumbo creativo o personal?


Sí. En la región de Westfalen viví aledaño a la comunidad estudiantil antes de tomar el giro definitivo. Münster fue el punto de quiebre y la toma decisiva; en realidad, primero quería llegar a Londres, pero una ciudad continental con mucha tradición germana, también era un buen punto de partida. Hasta ese momento yo vacilaba en retomar mi perfil creativo, pero las lecciones a martillazos propios de la forja cultural alemana coincidieron con las circunstancias de mi desafuero y de mi propio destierro. Fue allí donde empecé a organizar mis escritos, sobre todo, los de corte aforista. Hay uno que escribí en una banca a orillas del lago Aasee, y que resume ese momento: “En el alba y en el ocaso puedo ver directamente al sol sin que me queme los ojos. ¡Yo también tengo mis momentos de superioridad!”

Esto refería a una readaptación, vocación y supervivencia. En esa ciudad también retomé los pinceles. Llegué a pintar al aire libre y a ejercitar el dibujo al carbón, a montar mi caballete en medio de las céntricas calles o en los parques. Uno de mis regocijos en esa ciudad fue el “Kunstmuseum Pablo Picasso”, del icónico pintor español con más de ochocientas litografías. Hice una copia de su pintura más famosa. Otra pieza premonitoria, casi como un llamado inevitable que debía atender, fue un dibujo en tono bermellón que hizo Picasso de una foto del iluminado salvaje, del eterno poeta adolescente: Arthur Rimbaud.   

Más que haber comprado mi caballete, pinceles y óleos en Münster, fue un volado lo que definió mi curso a seguir. Al momento de designar a Ámsterdam con cara y a Berlín con una cruz (o sol y águila, como decimos en México), una moneda al aire dio preferencia a la primera y preparé mi bicicleta. Hice maletas, llené las alforjas y llevé un sleeping para atravesar quinientos kilómetros entre aldeas y ciudades hasta llegar a la capital holandesa. Allá se dirigió la sombra del caminante, el gitano del viento, rapsoda por ese entonces.

 

3.     Ámsterdam y el mundo literario.

Durante tu estancia en Ámsterdam participaste en el libro Extracto XXIII. ¿Cómo fue tu inserción en ese ecosistema literario y qué distingue, desde tu perspectiva, la escena editorial independiente de esta ciudad?


Fue a partir de la invitación que me hicieron a publicar en el blog de Círculo Dilecto en 2012 donde fui seleccionado para integrar esa antología entre escritores holandeses y latinoamericanos, una sólida comunidad creativa, sin duda. Cuando se publicó una entrevista y un artículo con cierta crítica social, yo vivía en Francia y no me enteré de la existencia del libro hasta mi regreso a Holanda. Al final, en la breve semblanza de los autores, en una sola línea se mencionaba solamente mi nacionalidad y que nadie conocía mi paradero. Eso me encantó, pues era como echar un vistazo desde otro plano a una sombra. Y así fue. Realmente no había pista alguna de mí hasta que reaparecí en Ámsterdam con la versión en francés de mi poema de largo aliento Evocación al Silencio y que terminé publicando en español. Existe un video sobre esa primera lectura en la cual uso un “béret noir” francés. Yo vivía una etapa de fuego puro y apenas percibía lo que pasaba a mi alrededor. No me importaba nada más que la poesía.

 

4.     Lengua y pensamiento.

Como políglota, ¿en qué idioma sientes que piensas cuando escribes, y cómo cambia tu identidad creativa al desplazarte entre lenguas?


La presencia de la lengua materna es muy poderosa. Escuchamos desde que estamos en el vientre las palabras de amor que nos profiere nuestra madre. Es casi imposible deslindarse, una vez aprendido el idioma materno, de esa marca lingüística y de la manera particular de percibir el mundo a través de ciertos términos escuchados desde bebés.

Sin embargo, al habitar en otros países, su mentalidad e idioma nos penetran y percibimos otras palabras al momento de experimentarlas en carne propia con una frescura inusitada. Descubrimos términos y fonemas hermosos que designan realidades que no teníamos presentes en nuestra lengua original.

Sobre todo, con cada idioma que aprendemos, es como si ampliáramos más nuestra percepción del mundo. Por ejemplo, la palabra calle en alemán es “straße”, en neerlandés “straat” y en inglés “street”. Su sonido me deleitaba y podía distinguir la transición de frontera a frontera, siglo tras siglo, de cultura a cultura, de esa palabra originaria del germánico occidental.

 

5.     París y la intimidad.

París suele asociarse con el amor, el arte y la introspección. ¿Qué tipo de experiencias —emocionales o estéticas— te dejó esta ciudad que no encontraste en otros lugares?


Definitivamente Francia late en mi pecho con especial fulgor y sutileza. Mi estancia en París fue parte de esa formación indispensable, pues profundicé en el idioma pero, sobre todo, en el vínculo fraterno con los parisinos. La manera francesa tan pasional de cómo conciben el arte, la poesía y la vida, simplemente es única.

En Alemania no soporté el exceso de orden, la normatividad y la disciplina extrema. No sé qué habría sido de mí si la moneda hubiera señalado ir a Berlín. Mi estilo creativo se habría germanizado, definitivamente, pues la influencia de Novalis, Hesse o Trakl era patente en mí. Pero yo necesitaba cierto equilibrio con el caos sin anularlo del todo, y en Francia lo encontré.

Es una nación, al igual que México, con una historia de mezclas forzadas desde épocas antiguas, una lengua hija del latín y de cierta mixtura genética que enriqueció su manera de actuar con otras naciones. Además de su ubicación geográfica, lo francés es el punto exacto donde Occidente tuvo su epicentro y génesis. Eso se percibe hasta la fecha.

En cuanto a las experiencias emocionales y estéticas que me aportó Paris, puedo decir que cada respiro en esa ciudad fue una dosis sublime de belleza. Incluso su elegante nostalgia, su refinado fatalismo y su pasión por la arquitectura, las artes y las letras aún me siguen seduciendo.

Ante todo, me sentí bienvenido y amado en París y eso es muy importante para regresar las veces que sean necesarias. Mis amigos me apoyaban a tramitar la naturalización, pero debía regresar a México. A Francia le sobran las mentes creativas y sentí una necesidad sobrenatural de regresar a mi país, aunque en muchas ocasiones en mi propia casa me han bloqueado por envidia, temor o por costumbre. México es un lugar de muchos claroscuros y al talento se le mira con recelo y con desdén.

He participado para ser electo a cinco cargos públicos, de la manera más comprometida y franca, sin lograr ninguno. No por falta de capacidad; no, en absoluto. Más bien, es un esquema añejo de bloqueo a los perfiles como el mío, la purulencia del influyentismo y el persistente culto a la mediocridad. En todo caso, eso no me quita el sueño, sigo realizando lo que me apasiona a través del arte y la literatura, y quizás ese sea el mayor aporte que hago a mi México lindo y querido.     

 

6.     Experiencias amorosas.

A lo largo de tus años en Europa, ¿cómo influyeron tus relaciones afectivas en tu obra? ¿Hay alguna historia que consideres un parteaguas en tu manera de entender el amor o la creación?


Hay varias historias. Una en especial fue la que hizo que me quedara a vivir dos años en Ámsterdam. Cuando llegué, me fasciné con esa ciudad llena de puentes y canales, pero no encontré en las primeras dos semanas un ambiente bohemio y artístico como lo imaginaba, así que planeé irme, primeramente a Bélgica, luego a Francia. Pero una mañana al ir a desayunar, conocí a Melanie Kim Geelen, originaria de Friesland, al norte de Holanda, rubia de veinticuatro años, ojos verdes, muy bella.

Esa mañana, un jubilado llevaba una guitarra. Se la pedí prestada porque tenía mucho que no tocaba. Ella me estaba observando, y con la seguridad que distingue a las holandesas, se dirigió a mí y me invitó a un viaje que saldría en ese momento a la isla de Texel. Fue el inicio de un estrecho vínculo con Holanda, aunado a mi fascinación por El Bosco, Escher, Van Gogh y Max Euwe, pues me encanta también jugar ajedrez.

Melanie, en una ocasión, me mostró en su departamento de Haarlem una versión en holandés que encargó por paquetería de “Une saison en enfer” de Arthur Rimbaud. Era de pasta dura y de color verde oscuro, una auténtica rareza, y, para mí, una segunda señal para ir a Francia. Ese y otros detalles, como usar mi caballete y que ella comprara una guitarra para enseñarle a tocar, eran muy significativos, pues ella hacía un esfuerzo por adentrarse en mi mundo de creación y poesía. Discutíamos, como cualquier otra pareja, y nos reconciliábamos, pero era tan intenso que pensé que era mejor separarnos por el bien de ambos. Tuvimos una despedida en paz y me fui.        

 

7.     El retorno a México.

Después de una vida en Europa, ¿qué detonó la decisión de volver a México? ¿Fue una elección racional, emocional o una mezcla inevitable de ambas?


Habría que agregar cierta predestinación a esa decisión racional y emocional, pues para quedarme más tiempo en Europa debía regularizar mi documentación y no lo hice, porque muy dentro de mí quería vivir con el máximo de libertad, sin nombre, sin domicilio ni oficina, y así fue. Por supuesto que eso tenía un costo, pues la sociedad no tolera a las mentes libres y sin pasaporte. Les parece inconcebible que uno viva sin fronteras, dichoso, pleno y sin rendirle cuentas a nadie. Jamás lo permitirían.  

Además, pensaba que era momento de regresar a casa. La vía del matrimonio para regularizarme la tuve en más de una ocasión, incluso de ser un ciudadano del Reino Unido, específicamente de Irlanda del Norte, que también es Europa. Al final, algo muy dentro de mí, una intuición que me rebasaba en voluntad, me decía que tenía que regresar a casa en ese momento. Lo demás fue simple papeleo.

 

8.     Europa como aprendizaje.

Mirando en retrospectiva, ¿cuáles son las tres lecciones más importantes que te dejó tu estancia en Europa —no solo como artista, sino como ser humano?


a)     Que tengo predilección por las naciones antiguas por sobre aquellas naciones modernas. Quizá porque México tiene raíces profundas y por eso hay empatía con países similares.  

b)    A diferencia de los artistas y poetas de academia, premiados y con becas, yo pertenezco a aquellos que son fuente y origen al confrontar de manera directa a la vida, no solo desde un escritorio leyendo a los clásicos y queriendo imitarlos, sino fomentando un estilo propio, la calidad de obra y una actitud original que nos define. Pensemos en cuántos estudiosos de William Blake existen, estando imposibilitados para alcanzar el genio de William Blake. Es gente con un talento promedio que prefirió el confort de los cubículos a la experiencia estética directa en su máximo esplendor. Asimismo, pensemos en el filólogo Nietzsche que le dio bríos a la filosofía, en Blaise Cendrars que huyó de su casa hacia Rusia, abandonando sus estudios de economía; pensemos en Éric Satie siendo denostado por la academia de música o en Piotr Ilich Chaikovski, que fuera también un abogado con un oído destinado a la renovación musical. A mi manera, yo he vivido mi trayecto sin apoyos institucionales o políticos, y lo que he construido me ha costado el triple y, por eso mismo, lo valoro más, dando apertura a también ser valorado por otras excelentes personas.

c)     Como ser humano, el aprendizaje al estar con gente de otros países y otras culturas en sus propios hogares, museos, calles y parques en Europa, fue decisivo, pues a manera de un espejo fui conociendo otros fragmentos de mí mismo que se encontraban en los demás, en otros idiomas, en otros platillos y en otros labios. Eso fue enriquecedor y espero reflejar esa experiencia en mi obra.

 

9.     Interdisciplinariedad.

Eres abogado, artista plástico, editor y poeta. ¿Cómo dialogan estas disciplinas entre sí en tu vida cotidiana? ¿Se complementan o entran en conflicto?


Actualmente voy menos a los juzgados a litigar. Sigo editando y publicando a otros autores, sobre todo a poetas. Le dedico más tiempo a mis pinceles y a mi pluma. Podría ejercer como abogado, uno de los mejores, pero después de muerto, ¿qué? Nadie se acuerda de un buen abogado, pero, como poeta, quizá tenga alguna oportunidad. Me parece que en el campo de las artes y las humanidades pudiera aportar más socialmente que siendo otro abogado con dinero, amantes e hijos. La muerte, una realidad para todos, es un eje que no se puede ignorar, y siento más provechoso un día frente a un mural que un día en los tribunales, a pesar de que respeto y le debo muchísimo por mi estilo de escritura aforística a la preparación que tuve en las aulas y al conocimiento de las leyes.

Quizás en las letras tenga más oportunidad de aportar un poco de todo lo que construyo con las ideas. Si se puede reducir a ese término para fines prácticos, la única disciplina que dialoga con todas las demás actividades de mi vida y les permite aflorar de manera estética y coordinada, es la poesía. Le he entregado todo a mi pluma, mi voluntad, mis anhelos y destino, y mi pluma me ha dado todo lo que requiero. Mi universo está constituido por palabras. A excepción de mis seres queridos, lo demás me es secundario.

 

10. Vida actual e introspección.

Hoy, desde México, ¿cómo defines tu momento vital? ¿Estás en una etapa de construcción, de síntesis o de ruptura? Y más profundamente: ¿qué pregunta aún no has logrado responderte a ti mismo?


Mi momento vital es cuando estoy creando en mi hogar en San Miguel Regla, Huasca, primer pueblo mágico de México. Allí crecí y procuro estar el mayor tiempo cerca de mi lago natal, en mi bosque y en los prismas basálticos. Allí me disperso y me reintegro en las palabras, los colores y la arcilla. Hay una etapa permanente de construcción, de síntesis y de ruptura en mi vida, pero con la madurez propia de quien ha filtrado cada experiencia para decantar solo lo esencial.

Haré un viaje en octubre. Estaré algunos meses en varios países del continente americano, incluidos Argentina, Uruguay, Chile, Paraguay y Perú. Pintaré algunos murales y participaré en un encuentro internacional de escritores en la ciudad de Córdoba, pero, sobre todo, presentaré los libros que generosamente me han publicado por allá sin cobrarme ni un centavo y que ameritan ese fortalecimiento de amistad con el sur por siempre.  

En cuanto a la pregunta, siempre he tenido la sensación de haber nacido con todas las respuestas, de allí mi carácter melancólico. SIN VéRTEBRAS. CíRCULO D.M.  

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