Entrevista a Juan Heinsohn Huala, poeta, pintor y activista.
Entrevista de Rómulo Meléndez, en nombre Circulo Dilecto, a Juan Heinsohn Huala.
Juan Heinsohn Huala (Chile, 1958) habita el territorio del puente. Poeta, pintor y activista, su obra nace del desarraigo y florece en la memoria. Llegado a los Países Bajos tras el exilio, ha hecho de la palabra y del color una casa abierta donde dialogan continentes, lenguas e historias.
En sus poemas y murales resuenan la experiencia migrante, la búsqueda de identidad y la dignidad de quienes cruzan fronteras. Su trabajo transforma el espacio público en lugar de encuentro y la poesía en gesto colectivo, tendiendo lazos entre América Latina y Europa, entre el pasado y el porvenir.
Su voz nos convoca a recordar que el arte puede ser refugio, resistencia y celebración compartida.
¿Cómo influyó tu experiencia de exilio desde Chile en 1978 en tu desarrollo como poeta y artista visual, y cómo has integrado ese pasado en tu obra?
Lo que mi familia vivió en Chile, antes y después del golpe militar de septiembre de 1973, fue determinante en nuestra vida de exiliados, tanto en el breve tiempo que vivimos en Buenos Aires como en los 47 años de vida y trabajo en Países Bajos que hemos celebrado con la familia el 22 de febrero recién pasado.
En Chile, mi familia estaba comprometida con las políticas de cambios que llevaba adelante el gobierno de Salvador Allende. Todos, en mayor o menor medida, participamos activamente en la construcción de ese nuevo Chile.
La represión, prisión, torturas, muerte y persecuciones fueron los métodos de la extrema derecha y militares chilenos para frenar y castigar las convicciones y el trabajo por un Chile mejor.
Y mi familia no se libró de esa violencia. Son vivencias que han formado nuestro carácter, marcado nuestros sueños y obligado a una perseverancia de no bajar la guardia, sosteniendo una bandera humanista en todo tiempo, lugar o idioma con el cual contactamos con nuestro entorno.
Trabajo con arte desde muy joven. La intensidad de los primeros años correspondió con el comienzo de la dictadura militar. Fueron cuatro años de aprendizaje, de autocensura, pero de insistencia a crear, diciendo con ello que ni la prisión ni las torturas a mi padre y a uno de mis hermanos nos estaban doblegando. Con toda seguridad, este fue el contexto en el cual nació también mi necesidad con la poesía.
En Buenos Aires y frente al caos de la huida, en el desorden de la vida en la que estábamos inmersos, viviendo en un refugio lleno de gente que huía de la violencia en sus países, derrotados sus proyectos de vida, el arte volvió a darme, a pesar de la censura, un espacio vital para reaccionar y comunicar.
Allí trabajé en el taller de un pintor argentino y, con su respaldo, realicé mi primera exposición individual. Actividades que no habrían sido posibles sin el apoyo y financiamiento de la Oficina de Refugiados de Naciones Unidas. Esa exposición, con todo lo que estábamos viviendo, en un país también bajo una sangrienta dictadura, fue una inyección de energía para mis padres y mi familia. Nos habían dado duro, pero no estábamos quebrados.
Más tarde, el exilio en los Países Bajos me ofreció y me aferré a todas y cada una de las posibilidades para desarrollar mi arte y mi poesía, lejos de la violencia y la censura. También mi familia se integró de lleno al trabajo de la solidaridad, reunir fondos para apoyar el trabajo político en Chile; fuimos parte de una comunidad activa.
Lo vivido, las pequeñas victorias, las derrotas, la porfía de la sobrevivencia, la fe en que un mundo nuevo es posible, sí, todo está presente en mi trabajo, en imágenes, en palabras. Han sido 47 años de un trabajo individual, pero también colectivo. Y aún estoy en ello.
2. Tu obra abarca tanto la poesía como la pintura y la intervención comunitaria; ¿cómo defines la relación entre estos medios expresivos en tu discurso artístico?
Mi trabajo individual como artista plástico, como poeta, ha estado siempre unido a proyectos comunitarios. Brigadas murales, ediciones de revistas culturales, talleres de creación para niños y adultos y la organización de eventos, donde buscamos crear espacios de calidad para presentar expresiones culturales sin límites de países o lenguas.
Tras la llegada a los Países Bajos, mi pintura y dibujos dejaron ver sin ningún tapujo el mundo del cual habíamos huido. En muchas ocasiones fue trabajo con fines propagandísticos o buscando solidaridad. Más tarde, cuando la urgencia de la dictadura fue menor en nuestras vidas cotidianas, la introspección de mi mundo individual ocupó el espacio de mis imágenes. Pero la interacción con proyectos comunitarios siguió presente. Un camino similar recorrió mi poesía. Sí, me queda la impresión de que mi mundo interior logró una mayor expresión en mis imágenes, más que en la poesía.
En el año 92 me integré a trabajar en proyectos literarios de la ciudad de Rotterdam. Trabajé muy intensamente en ello hasta el año 2004. Pero hasta la fecha sigo en eso. Desde el 2005 participo en un grupo de poetas con distintas culturas, con los cuales nos reunimos una vez por mes a dialogar críticamente sobre los poemas que escribimos. Es un ejercicio muy sano, de continuo aprendizaje y que te mantiene alerta. Hemos publicado libros con nuestra poesía y vienen más.
Entre mi obra pictórica –posiblemente también mi poesía– y mi trabajo comunitario, existe un desfase. Trabajo con distintos grupos de artistas o miembros de culturas determinadas, creando espacios de presentación y participación, compartiendo la fe y necesidad de que un mundo distinto es posible. Esos contenidos no están en mis imágenes. Algo de esa esperanza veo en mis poemas, pero las artes plásticas me exigen una mayor aplicación. Es un desfase en el cual debo investigar, trabajar más.
La dignidad humana es lo esencial en mi discurso artístico. Llevo conmigo la dignidad de tantos que, a pesar del miedo por el terror reinante, en los peores momentos se acercaron a mi familia y nos brindaron ayuda. Tengo un gran compromiso con esa dignidad; representarla es una obligación. Si mis imágenes y mis palabras sirven para algo, que sea para eso también.
3. ¿Qué significado tiene para ti el multiculturalismo en Rotterdam, y cómo ha impactado esta ciudad en tu producción creativa?
Trabajo hace 45 años en Rotterdam. Es mi ciudad. Aquí siete de cada diez hemos venido de otro país, llevamos con nosotros otra cultura, idioma, historia. Desde el 81 es Rotterdam el terreno de mi trabajo cultural, y la diversidad su ley motora. Desde comienzos del 81 hasta mayo del 92 trabajé en el Centro Salvador Allende, con distintos grados de responsabilidad. Luego pasé a trabajar con la diversidad cultural de la ciudad, en organismos financiados por el municipio. Desde allí la tarea era dinamizar, hacer visible la diversidad cultural.
El principal proyecto fue ser programador de letras en el Poetry Park, más tarde Dunya Festival. Era también una plataforma para activar una programación distinta en toda la ciudad. Realizamos programas literarios a todo nivel, trayectos de formación para autores de distintos orígenes que anhelaban desarrollar su poesía en neerlandés. Publicamos libros y ampliamos la proyección de nuestro concurso de poesía dirigida a la diversidad cultural. Más tarde vinieron ediciones del festival en los barrios y una programación de teatro, con 6 a 8 programas por mes, con conciertos, poesía, teatro y programas para los niños.
En ese periodo de intenso trabajo, de organización, promoción y movilización desde la cultura, mi propio trabajo de pintura disminuyó notablemente. Gracias al trabajo conjunto con el pintor, muralista y artista gráfico Jorge Kata Núñez, hubo repuntes que se tradujeron en pinturas murales y que pasaron a formar parte del muralismo en Rotterdam.
Mi trabajo más particular con la pintura resurgió el año 2009, después de crear el Atelier de Kleine Vis, un taller de creación abierto, primero para los niños de mi barrio, luego también para adultos. En ese taller, con todo lo necesario para trabajar, volvieron mis imágenes y colores, las exposiciones y los proyectos de arte comunitarios.
Naturalmente, el contacto con tantos creadores de culturas distintas, con tantos grupos activos desde sus propuestas culturales propias, con tantos proyectos en los cuales he participado, todo ello ha tenido su influencia en mi visión de mundo y creaciones propias.
Frente al papel o la tela en blanco, tu momento de crear sigue siendo el tuyo, y en mi caso, si se trata de mi arte o poesía, trabajar en solitario es la base principal de un mayor acercamiento a lo que me motiva. Pero en la despensa de los ingredientes con los cuales cocino, condimento mis trabajos; hay más ingredientes que antes, la riqueza de una diversidad que defiendo.
4. ¿De qué manera tu poesía y tus murales reflejan las tensiones políticas y sociales de Chile y de la diáspora latinoamericana en Europa?
Sí, la realidad es uno de los ingredientes importantes de todo lo que está presente en mí al momento de crear. Reconozco que poco o nada tengo con lo decorativo, agregar algo lindo al muro o en palabras, buscando con ello, consciente o inconscientemente, es blanquear la realidad. Hay muchas fuerzas oscuras ocupadas en ello. De manera que es cuestión de dignidad bofetear las mentiras con las cuales pretenden engañarnos.
De esta forma soy sensible a las tensiones políticas, pero mi mundo es grande. No solo me importa lo que ocurre en el país del cual huyó mi familia, Chile, o el continente latinoamericano, sino también lo que ocurre en mi barrio, ciudad y país en el cual vivo, trabajo y participo. Cuando se defiende la dignidad humana y los derechos de todas y todos, el mundo es grande, y tu responsabilidad también.
En diciembre del 2006 y enero del 2007, pintamos con Jorge Kata Núñez el mural “Todo el mundo es tu patria”, título inspirado en un adagio de Erasmo, el filósofo.
Nuestro mural, de 32 metros de ancho por 2 metros de alto, fue instalado en un muro exterior de la estación de metro Zuidplein, Rotterdam. Es una oda a la diversidad cultural de nuestra ciudad y a su historia. El mural fue retirado a fines del año pasado por los trabajos de remodelación de la estación. El plan es que vuelva restaurado o pintado de nuevo. En el contexto de violencia que actualmente sufren migrantes y exiliados, nuestra oda debería volver a estar allí. Más que por resistencia, porque tenemos la razón.
5. Has trabajado con colectivos y eventos para nuevos inmigrantes en Rotterdam; ¿qué papel crees que tiene el arte en la integración social?
En realidad, he trabajado desde mi llegada a Países Bajos con colectivos, tanto de artistas como de gente que se une para manifestarse mediante la cultura y el arte. Organizar espacios de participación, donde lo central es la cultura, en toda su diversidad, es valorizar lo que la cultura dominante busca excluir o limitar como expresiones trascendentes y que importan. El trabajo creador de nuestra gente, venida de tantos sitios distintos de este mundo, merece el mejor escenario que podamos organizar. Esa dignidad hay que defenderla más allá de cualquier prerrogativa individual.
Es muy importante para las nuevas generaciones, hijos de migrantes, ver y conocer artistas que tienen el mismo origen que sus padres, que destacan por lo que hacen y son respetados. Con todo lo que hacemos, ayudamos a reafirmar identidades y estas no son marginales. Al contrario, desde el idioma que se habla en casa, la música, el arte y la literatura presente y activa en la cultura de tu familia son cosas esenciales de tu identidad y formación. Te puedes hacer fuerte en eso y con esa energía participar en la sociedad. Creo en eso y trabajo para hacer que sea posible.
5. En tu trayectoria has organizado festivales y proyectos culturales; ¿qué ha sido lo más desafiante y lo más gratificante de ese trabajo?
Pensando en lo más esencial, creo que lo más desafiante ha sido siempre convencer y lograr, con ese convencimiento, que las presentaciones culturales, festivales de música, cine, exposiciones, talleres de participación, se planteen desde la seguridad de que estás agregando algo trascendente al panorama cultural de tu barrio, ciudad, país. Cuando junto contigo, otros más creen en las propuestas, estás sembrando semillas de un accionar cultural duradero.
Lo más gratificante, fuera de lo anterior, es que tu oferta de cultura convenza al público, que de forma creciente termina apoyando tus propuestas. Trabajé durante 18 años como programador del Poetry Park Festival, más tarde Dunya Festival. También trabajé en el Nelson Mandela Festival. En el Cinemar Festival, dirigido a la promoción del cine marroquí. Por nombrar algunos. Y en todos ellos estaba presente lo que más arriba explico.
7. Tu poesía ha sido traducida a varios idiomas. ¿Cómo influye la traducción en la percepción de tu obra más allá del español?
Escribo mi poesía en neerlandés desde el año 2000. Y es esa poesía la que ha sido traducida a varios idiomas. Que tu obra supere las fronteras del holandés implica más lectores posibles. Creo que el fenómeno de las traducciones a otras lenguas es, en mi caso, aún muy limitado.
Sí puedo contar algo que, basado en traducciones, me ha dado mucho orgullo. El año 2023 leí algunos de mis poemas que previamente había traducido al español en un programa relativo a recordar los 50 años del inicio de la dictadura militar en Chile.
Traduzco mis poemas al español con la ayuda de mi hermano Rigoberto, quien tiene una gran sensibilidad para ese trabajo.
En el programa de Ámsterdam estaba presente una compañera que en los años de Allende trabajó en Chile en arquitectura. Ella me invitó a colaborar con una selección de mis poemas traducidos al español para incluirlos en un libro en preparación en Chile. Ella formaba parte del grupo de redacción y editor del libro, una reseña histórica sobre el desarrollo de la arquitectura en Chile durante el gobierno de Salvador Allende. Fue muy emocionante ver más tarde mis poemas formar parte de esas páginas, de esa historia. Lo que también significó que esos poemas, en traducciones, fueron leídos en Chile.
8. ¿Cómo percibes la transformación de la identidad chilena en la diáspora, especialmente en artistas como tú que han desarrollado carreras internacionales?
Creo que la identificación con Chile, su historia y los posibles valores que puedan surgir de todo eso tienen trascendencia solo en la dinámica resultante de tu interacción con el medio en el cual vives. Y, considerando mi experiencia personal, vives porque interactúas.
No sé muy bien qué es “la identidad chilena”. Sobre Chile te puedo contar lo vivido, y cómo mi persona se relaciona con esa historia y ese presente, pero no tengo nada con nacionalismos, ni banderas patrias, ni nada de eso. Tampoco me muero por Chile. Me cargan los que “son más chilenos que los porotos”.
De Chile rescato la dignidad aprendida del ejemplo de tantos, de la solidaridad de los que no tuvieron miedo y que, como mi familia, creyeron en un Chile mejor.
Y esa dignidad es mi obligación en cualquier lugar, en cualquier idioma, en cualquier
cultura.
9. ¿Podrías contarnos sobre algún poema o mural tuyo que sientas que capture especialmente tu visión del mundo o tu filosofía de vida?
Si pienso en un mural, pienso en el mural titulado Todo el mundo es tu patria, del cual hablé antes. Una oda a la diversidad cultural de mi ciudad, Rotterdam, donde vivo y sigo trabajando.
De mis poemas rescato “Tengo dos septiembres”, escrito para resumir el enorme espacio de mi vida compartida entre el país del cual salí huyendo y el país donde realmente he vivido, amado y he sido feliz.
10. Recibiste la Orden de Orange-Nassau por tu compromiso con comunidades vulnerables; ¿qué significa este reconocimiento para ti y cómo influye en tu labor futura?
Quizá contar primero que en el 2015 recibí por parte de mi comunidad de chilenos en Rotterdam un diploma con el cual se valoraba mi trabajo en el mundo de la cultura, ofreciendo espacio a la diversidad cultural.
La medalla de la Orden de Orange-Nassau no se consiguió fácilmente. Quienes tomaron la iniciativa —sin que yo siquiera sospechara algo— fueron obligados a ofrecer pruebas de mi trabajo, la colaboración prestada a proyectos, todo lo que yo mismo inicié o a lo que yo me sumé, etc.
Sí, fue un orgullo recibir esta condecoración. Y agradecí enormemente el empeño de quienes propiciaron esa “campaña”. Fue finalmente un reconocimiento a todo lo que yo he llevado adelante, lo cual nunca habría sido posible sin la ayuda, la colaboración, el compromiso de tantos que han creído en el valor de lo realizado.
Rotterdam 6 de marzo 2026. SIN VéRTEBRAS. CíRCULO D.M.
Bonus: Poema titulado: "Yo tengo dos septiembres".




Comentarios