Entrevista a Francisco Peña, músico y videasta.


Rómulo Meléndez entrevista, en nombre de la Plataforma Círculo Dilecto Ámsterdam, a Francisco Peña.


Desde el Pacífico colombiano hasta los canales de Ámsterdam, el recorrido de Francisco Peña es también el de una memoria que viaja. Nacido en Buenaventura —territorio marcado por la fuerza de la cultura afrodescendiente, la oralidad, la espiritualidad y la relación profunda con el mar—, Peña ha construido en Europa un camino que cruza distintos lenguajes: la música, el video, las artes visuales y la radio.

Ex-locutor de Círculo Dilecto Ámsterdam y líder de la banda Barrio Nuevo, su trabajo artístico parece moverse entre la memoria c del origen y la experiencia de la diáspora. En Amsterdam Noord, lejos de las aguas del Pacífico pero aún dialogando con ellas, su trabajo musical se convierte en un espacio donde migración, identidad y ancestralidad se encuentran.

En esta conversación, Francisco Peña reflexiona sobre el arte como territorio, la identidad afro en movimiento y las preguntas que surgen cuando se vive entre dos mundos.



1. Naciste en Buenaventura, un territorio profundamente marcado por la cultura afro del Pacífico colombiano. Al vivir hoy en Amsterdam, ¿en qué momentos sientes que tu raíz habla más fuerte que tu condición de migrante?


Las raíces lo marcan a uno en el pensamiento y en la forma de ver la vida, eso se lleva a cualquier lugar que uno vaya y no importa dónde uno se encuentre. Yo soy de fácil y pronta adaptación, como decían en mi tiempo “a la tierra que fueres, haz lo que vieres”, eso ayuda en el proceso. Eso si, sin olvidar quién soy, de dónde vengo y para adonde voy. 


2. Tu práctica artística atraviesa varios lenguajes: música, video, artes visuales y radio. ¿Cuál de estos espacios te permite dialogar más directamente con tu memoria y tu herencia ancestral?


Creo que cada una es un canal para comunicarse. La música ha sido para mí durante muchos años la que me ha dado más oportunidades para conectar y mantener el legado que he recibido. Hace poco empecé con el vídeo y veo que es una gran herramienta hoy en día para llegar a más gente, pero aún estoy en la búsqueda, ya veremos qué nos vamos encontrando en el camino. 


3. Migrar implica muchas veces traducirse constantemente ante otros. ¿Qué aspectos de tu identidad afrodescendiente te has negado a traducir o suavizar en Europa?


Como te dije antes, suelo encontrar mi sitio rápidamente. Pero es en casa donde encuentro mi refugio y donde puedo conectarme con mi espiritualidad. Ahí Europa no ha entrado completamente. 


4. En el Pacífico colombiano la relación con los ancestros, la espiritualidad y la naturaleza forma parte de la vida cotidiana. ¿De qué manera esas creencias o sensibilidades siguen presentes en tu proceso creativo en Ámsterdam?


Aquí sigo conectado con la naturaleza y tengo una vida espiritual activa. Ahí es donde encuentro la inspiración para mis proyectos musicales y videográficos.

 

5. Como líder de la banda Barrio Nuevo, ¿la música es para ti una forma de reconstruir hogar lejos del territorio, o más bien una forma de inventar uno nuevo?


Es más la idea de reunir los conceptos, eso dio paso al nombre “Barrio Nuevo”, cuando entre en contacto con la música de las Antillas Holandesas, encontré patrones que por ser de origen africano eran muy parecidos a los de Colombia, solo que interpretados en otros instrumentos, así que me di a la tarea de ponerlos dentro de la misma escena. Eso me trajo algunas dificultades con los músicos puristas de Colombia, ya que me decían, suena parecido pero es diferente. Tal vez ahora hay una mentalidad más abierta para aceptar las mezclas. 


6. Tu trabajo parece moverse entre memoria y experimentación. ¿Creas más desde la nostalgia de lo vivido en Buenaventura o desde la transformación que produce la migración?


Es más “vestir la nostalgia con ropa ajena”. Debe tener un poco de los dos elementos. Ya que si no estás abierto a los cambios la migración se puede convertir en un tormento. 


7. Haber sido locutor en Círculo Dilecto Ámsterdam te situó en un espacio de conversación cultural dentro de la diáspora. ¿Qué aprendiste escuchando las historias de otros migrantes afro y latinoamericanos?


Aprendí que al final somos uno solo, estamos girando en la misma rueda y que si no nos damos la mano ese círculo se debilita. Lo más curioso es que aquí perdemos la nacionalidad para convertirnos en “Latinos”, una sola palabra para describirnos a todos. 


8. Vivir en Europa puede cambiar la forma en que uno entiende su propia negritud. ¿Qué descubriste sobre tu identidad afrodescendiente al mirarte desde fuera de Colombia?


Deje de ser víctima, sé que tengo los mismos derechos y deberes de toda persona, no creo que haya una “deuda ancestral” de la que se apoyan muchos ahora para mantenerse protestando. Aprendí que más que trabajar duro, es demostrar quién somos y cuánto podemos dar y recibir. 


9. Si tuvieras la oportunidad de conversar con tus ancestros del Pacífico colombiano sobre tu vida como artista en Europa, ¿qué crees que les contarías primero?


Les diría que me siento orgulloso de lo que nos dejaron y no me quedaría más que agradecerles. Ellos hicieron las cosas bien, creo que ha nosotros nos ha faltado tomar esas banderas y ponerlas donde corresponde. 


10. Después de este recorrido entre territorios, lenguajes y comunidades, ¿sientes que tu obra busca regresar a un origen o más bien construir un futuro distinto para las memorias de la diáspora?


Soy de los que creo que hay que seguir adelante, el agua estancada se echa a perder; hay que seguir haciendo camino para los que vienen detrás de nosotros, y claro que hay que darles a conocer las raíces para que haya fundamento pero siempre pensando en avanzar. No podemos pretender cambiar algo si no conocemos su origen. SIN VéRTEBRAS. CíRCULO D.M.


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