Entrevista a Luis Cruz-Villalobos.
Análisis del I Cor 13:4-7
Luis Cruz-Villalobos,2025
Independently Spirit,2025
Primera edición
Impreso en los Estados Unidos de América/Europa
ISBN: 9798269018867
Entrevistador: Rómulo Meléndez, Círculo Dilecto (Ámsterdam, Holanda)
Entrevistado: Luis Cruz-Villalobos, Ph.D. (Chile)
El libro se presenta como un valioso manual para comprender Los Verbos del Amor, a partir de un análisis de 1 Corintios 13:4–7. Desde mi lectura, es una obra de crecimiento personal con un sólido respaldo conceptual, que integra aportes científicos —como la
etimología y la morfología del lenguaje— y un estudio cuidadoso de su uso bíblico.
Aun reconociendo mis propias áreas de mejora, la lectura no me generó culpa ni autoacusación, sino que se manifestó como un texto profundamente esperanzador, que ofrece herramientas concretas para aproximarse a una concepción del amor elevada, consciente y, me atrevería a decir, sublime.
1. ¿Consideras que una persona no cristiana puede leer este libro y aplicar sus ejercicios en la vida cotidiana?
El tema del amor es un tema universal. Aunque existe un gran número de conceptos detrás de la idea de amor y se puede definir de muchas formas y con variados énfasis, sin duda, la noción fundamental del amor, que está relacionada con el cuidado de otra persona y con un vínculo significativo y afectivamente cálido, de respecto, servicio y ayuda, especialmente cuando el otro pasa por una situación difícil y no resulta fácil prestar apoyo, esa concepción de amor, presente, por ejemplo, en el cuidado de un recién nacido y que sin ese tipo de cuidado incondicional fácilmente podríamos haber muerto, es fundamental. El amor, tal como se explora en este libro, creo que trasciende las diferencias religiosas, necesitamos ser amados y amar de este modo. Los ejercicios al final de cada capítulo, sin embargo, puede que sean de mayor ayuda para quienes tienen una experiencia de fe cristiana, pues varios de ellos son ejercicios que se enmarcan dentro de la tradición contemplativa del cristianismo y además conectan la dimensión del amor correspondiente del capítulo específico con aspectos propios de la experiencia espiritual íntima de los que se consideran seguidores de Jesús.
También puede estimular a quienes no saben mucho del cristianismo o han tenido experiencias religiosas no muy saludables a tener un encuentro personal y profundo con Dios, independiente de su trasfondo.
2. De Los Verbos del Amor, ¿cuál es el que más practicas actualmente y cuál te resulta más difícil de vivir? ¿Podrías compartir algunos consejos al respecto?
Preparar este libro, como lo comento en el Prefacio, ha sido un gran desafío.
Revisar con detalle cada una de las dimensiones o verbos del amor, ha interpelado mi vida concreta. Creo que es una confrontación a nivel del carácter, de la forma de ser y comportarse. Me he sentido expuesto y estimulado a llevar una vida mejor, más cercana al ideal de amor que Jesús de Nazaret encarnó prácticamente y de modo radical. Sin duda, como cada persona, en algunos aspectos me parezco un poco a Jesús, en mi caso, por ejemplo, creo que me resulta fácil servir a alguien que me pide ayuda y, en términos generales, suelo confiar en las personas, espero de ellas cosas buenas. Sin embargo, en otras áreas me resulta difícil, por ejemplo, la más compleja para mí es la de tener paciencia con las cosas, los objetos, que no funcionan, tengo poca paciencia en esos casos. De este modo, a mi me parece que todos tenemos dimensiones fuertes y otras débiles. Incluso las personas más despiadadas o destructivas tienen zonas en que podríamos decir que practica algunos o al menos en parte facetas del amor. Más que un consejo, me atrevería a decir que el amor supremo y trascendente es lo que sustenta nuestra existencia, alinearnos existencial y prácticamente con él es lo fundamental de la vida. Resulta muy útil, por tanto, descubrir cuáles son los verbos del amor que menos ponemos en obras, para que nuestra vida y la de las personas que nos rodean sean mejor y más satisfactorias.
3. En el libro aparece la expresión “amar es reconocer al otro como otro yo”. ¿Es posible amar al prójimo con la misma profundidad con la que uno se ama a sí mismo? ¿Cómo se cultiva este tipo de amor?
Esa frase es muy significativa. Uno la observa planteada como un legado ético universal. Tal vez Jesús de Nazaret es quien más desarrolló la idea y práctica de un amor vivido desde esa noción, sin embargo también hay mucho de ese en conceptos sobre los llamados cuatro virtudes inconmensurables descritas por Siddhartha Gautama, que abordan en varios términos la misma idea: bondad sin límites, compasión sin límites, alegría por el bien del otro y ecuanimidad. Pero me resultado muy llamativo encontrarme con desarrollo conceptuales en esta línea en trabajos como los del biólogo chileno Humberto Maturana, quién definía biológicamente el amor como la “aceptación del otros como un legítimo otro en la convivencia”. El poder mirar más allá de las distinciones y diferencias superficiales que nos distinguen de los demás y asumir nuestra condición de semejantes, es decir de organismos que estamos amparados y existimos gracias a la misma realidad buena, bella, verdadera y única, que muchos llamamos Dios, y que algunos creen que se manifestó plena y humildemente en Jesús, asumir esa “imagen de Dios” presentes en cada ser humano y ese fundamento que sostiene la realidad completa, creo que es lo básico para toda ética universal, donde se pueda buscar activamente el bien de nuestro prójimo, del quien está a nuestros lado (próximo, vecino), independiente quién sea o cómo sea, incluso si es un árbol, un pingüino, un dictador o terrorista. Cultivar este tipo de amor, sin límites, creo que es el desafío más grande de la humanidad. Creo que es posible. Pero demanda algo que en varios capítulos del libro queda claro, se debe cultivar un compromiso,una conducta de bien paciente y perseverante. Es decir, un amor a toda prueba, que no se rinde. Un amor que es resiliente, que resiste las dificultades, que ama incluso en la condiciones más extremas, tal como lo enseñó y vivió Jesús: amando incluso al enemigo, es decir, a quien busca activa y conscientemente tu mal.
4. ¿Qué has aprendido tú, a nivel personal y profesional, durante el proceso de escritura de este libro?
Como ya mencioné, ha sido una profunda interpelación preparar este libro. De verdad creo que es el más importante que he desarrollado hasta la fecha. Escribo desde mi preadolescencia, he escrito casi compulsivamente, muchos libros. Pero este creo que es fundamental. Hay muchos de poesía, varios de psicología, filosofía y espiritualidad, pero éste, que tiene un carácter exegético y práctico, algo así como hermenéutica aplicada, creo que también es el más útil. A mí me ha servido.
Sé que ha varios de los lectores que lo están revisando también. Eso me alegra mucho. Al ir avanzando en la elaboración de este libro, se fueron desplegando áreas y temas que antes no tenía asociados al amor. Por ejemplo, me di cuenta que ver cine o series que denigran a seres humanos o los muestran como cosas prescindibles, no era algo que me hacía bien, no me enriquecía en cuanto al amor o al amar. Pues para amar debo mantenerme firme en la comprensión y visión de que el ser humano no puede ser un medio para un fin, sino que es un fin en sí mismo y de un valor infinito. Siempre, sin que importe de quién se trate.
5. ¿Con qué te quedas finalmente: con una expresión idealista del amor o con su formulación teológica?
Ninguna de las dos alternativas que me planteas. Creo que la perspectiva cristiana del amor, que se conecta con los planteamientos más profundos de varias tradiciones o perspectivas espirituales, religiosas, filosóficas y psicológicas del mundo, es un estilo de vida, una práctica concreta, un modo de relacionarnos y vincularnos con los demás. No es simplemente un ideal o una formulación teo-lógica. No. Es un forma de entender la vida y de vivir concretamente. Obviamente tiene un trasfondo y una cosmovisión que lo sustenta. Pero fundamentalmente tiene que ver con una experiencia. Amamos porque hemos vivenciado el amor. De modos incompletos e imperfectos, pero hemos conocido algo de la realidad que emerge de esa fuente infinita, trascendente e inmanente de amor. Estamos relacionados con el amor, con ese abismo luminoso (citando a Kafka, refiriéndose a Cristo), todo está relacionado con el amor, de una u otra forma.
6. ¿Cómo puede el amor convertirse en una praxis verdaderamente transformadora en el día a día?
Creo que es fundamental la toma de consciencia de que es un tema central. Yo comencé a realizar psicoterapia de adultos en el año 1999 y el año pasado tomé consciencia recién que todos los casos que he atendido en mi vida, todos, de una u otra forma siempre estaban relacionados con el amor: sentirse no amado, sentirse no amable, no saber vincularse amorosamente, no poder perdonar, no ser compasivo, buscar ser aceptado… En fin. Siempre es el amor el que sale como una
temática fundamental, en alguna de sus facetas, por medio de alguno de sus verbos. Por tanto, retomando la pregunta, para que el amor sea una práctica real, creo que debemos tomar consciencia que es central para nuestro bien y el bien de los demás, para nuestro bien eco-bio-psico-socio-cultural. No es simplemente un tema extra o complementario. Es el tema central. Cuando se reconoce esto y de entiende que sin duda estamos deficitarios en algunas de sus dimensiones, entonces recién podemos empezar a crecer, a amar un poco mejor. También es fundamental, y quizás debería haberlo mencionado primero, resulta nuclear conectarse con el amor que recibimos, de miles de formas. Sabernos amados por Dios es la base necesaria para amar. Desconectados de la fuente el intento de amar puede ser agobiante, incluso insufrible. Solo podemos amar sin límite si estamos conectados a la fuente del amor sin límites. La experiencia de saberse amado por el Creador, de sentirse realmente alguien que es un tesoro para Dios, sentirse una persona de un valor infinito para Aquel que originó, sustenta y dirige la realidad en su conjunto, puede ser el motor para un constante crecimiento, siempre paulatino y con errores, en nuestra capacidad de amar.
7. En temas de ofensa y venganza, ¿te sientes más cercano a Aristóteles o a Pablo?
Como casi cualquier habitante contemporáneo de este planeta, que ha visto televisión o cine desde niño, he sido educado en la venganza. Gran parte de los argumentos de series o películas giran en torno a la revancha, a hacer justicia por las propias manos. Me resulta natural tener una disposición así. Ante el mal recibido brota el deseo de reivindicación inmediata. Pero tengo la certeza que este proceder, en muchas ocasiones marcado por el orgullo y la soberbia, como podría ser el caso de Aristóteles, termina mal. Se han perdido muchas generaciones por medio de los ciclos de venganza. Aunque los países donde impera el estado de derecho tienden a disuadir este proceder, en el corazón humano sigue rampante como intención. Hoy en día, con individuos como el actual presidente de EE.UU. nos queda claro que el capricho personal, el orgullo, las propias pretensiones vanidosas, no deben ser las que dirijan el curso de una vida ni menos el curso de una nación o del mundo. El respeto al otro, el perdón y la reconciliación son prácticas fundamentales para la posibilidad de que nuestra civilización permanezca; dada nuestra capacidad intelectual que nos permite construir tecnología sorprendente, pero también con un potencial destructivo casi ilimitado, resulta esencial trabajar la templanza propia del amor.
8. Los Verbos del Amor en contraposición al desamor: ¿cómo se viven y aplican cuando se atraviesa un fracaso vital o integral?
Me parece que el amor de pareja, por ejemplo, implica dinámicas que podrían ser específicas de ese tipo de relación. Obviamente, necesitamos amar de un modo profundo, universal y sin límites a nuestras parejas, pero este tipo de relación suele demandar una cierta reciprocidad que le es propia y que constituye el vínculo. Por tanto, puedo seguir amando a alguien en términos del amor cristiano, pero no necesariamente me puedo seguir sintiendo atraído por esa persona o no requiero mantener una relación con alguien que me daña y no se arrepiente realmente al respecto. Tampoco puedo mantener un vínculo con quien no desea mantener una relación de pareja conmigo. Esto también se aplica a la amistad, la cual requiere igualmente reciprocidad. El amor agape puede entenderse como un amor base, fundamente y sustento de los otros tipos de amor. Pero los otros tipos de amor tienen aspectos que les son propios. Algo así se observa, por ejemplo en el tema del perdón. Puedo perdonar a alguien que me dañó intencionalmente, pero puedo no reconciliarme con esa persona y mantenerla lejos de mi vida, habiéndola perdonado, pues amar no implica mantener relaciones injustas y dañinas. Sí implica mantener la paz y la justicia. Puedo perdonar y, posteriormente, demandar de modo judicial a una persona agresora, lo cual no es contradictorio. El perdón tiene un elemento fundamentalmente íntimo, la otra persona puede ni siquiera enterarse de que la perdoné, pues es un acto liberador, pero en nuestro fuero interno. Sin embargo, si la otra persona recapacita, pide perdón y se arrepiente sinceramente, el perdón será la base para una futura reconciliación.
Sin duda, personas que han sido dañadas por otros, especialmente si han sido en momentos tempranos de la vida o de modo constante e incluso sistemático, se verán desafiados enormemente, pues no será nada fácil aprender a amar de modo significativo. Pero siempre es posible. Así lo he visto. Lo fundamental es no cerrarse al amor, aunque puede ser muy difícil si no se ha logrado ver en la propia vida de modo consciente.
9. He completado la rúbrica del amor ágape y debo reconocer que mi puntuación es baja en el criterio “no hace nada indebido”. ¿Qué recomendaciones darías para mejorar en este aspecto? ¿Un mayor puntaje implica necesariamente ser una “mejor” persona?
En términos psicológicos, creo que esa dimensión está muy relacionada con la asertividad. Saber decir bien las cosas, saber expresar nuestra opinión o nuestras legítimas necesidades o derechos. Las personas que no son asertivas, pueden ser pasivas, guardándose todo su malestar y dañándose a sí mismos en ese acto, muchas veces acumulando dolor e ira, hasta explotar de modo agresivo. Las personas que dicen todo lo que piensan sin filtros, que no tienen cuidado en el trato hacia otros y se expresan de modo autocentrado, sin importar si el otro es dañado o no comprende la intención de lo dicho, caen dentro de un modo de comunicación agresivo. También hay casos pasivo-agresivos, es decir, personas que no expresan su agresividad o malestar de modo directo, sino por medios no- verbales, en conductas, actitudes u omisiones. Tampoco es el camino más saludable personal ni relacionalmente. El capítulo relacionado con el amor que no hace nada indebido, creo que nos anima a ser asertivos. Expresarnos, pero bien.
Esto incluye el humor, aprender a reírnos junto a otros, no de otros. Respecto a si un mejor puntaje puede implicar ser “mejor” persona, no sabría decirlo. Los verbos del amor son como tablas de un barril, el líquido llega hasta la altura de la tabla más corta. Por ahí se escurre. Creo que ser una persona íntegra implica crecer en todas las dimensiones del amor. Siempre estaremos en camino. Además, ser una
“mejor persona”, deja tácito: mejor que quién. Aquí podemos aplicar dos criterios:
¿nos estamos acercando más al ideal? (en el caso del cristianismo, a la vida misma de Jesús: “amen como yo los he amado”) y ¿estoy amando más que ayer? (¿y menos que mañana?). Nunca el amor puede ser una competencia con otros. Sería absurdo.
10. Tras la publicación de Los Verbos del Amor, ¿qué proyectos tienes actualmente en mente, ya sea a nivel académico, terapéutico o editorial, y de qué manera dialogan o profundizan el camino iniciado con este libro?
Hay varios libros en camino en la línea de los Verbos del Amor. Ya fue publicado recientemente el libro Cristianismo en Acción: un análisis de la carta de Santiago, que también está en la colección Exégesis y Vida, de Independently Spirit. En esta misma colección, que incluye análisis exegéticos junto a aplicaciones psicosociales, prácticas y espirituales de los textos analizados, próximamente saldrá un libro titulado Identidad Espiritual: un análisis de Efesios 1, donde abordo el tema de la identidad personal desde el profundo y denso texto de esa carta paulina. También está en carpeta un libro sobre la hermosa carta de Pablo a los Filipenses, que abordará el tema de la alegría en medio de la adversidad y otro titulado Contemplación Cristiana: una introducción. En el ámbito psicológico, próximamente será publicado el libro, escrito con una colega argentina, Neurociencia y Poesía: cognición, emoción y salud, que es un interesante volumen que aborda el tema de la poesía desde varias perspectivas científicas. También tengo en mente preparar una versión de divulgación, especialmente para adolescentes, de mi libro Emociones al Desnudo: arquitectura de las dinámicas emocionales, que es un texto psicológico especializado. Me gustaría hacer algo parecido con Los Verbos del Amor y preparar una versión para niños y niñas, en lenguaje claro y más breve. Libros de poesía también tengo varios listos que esperan su publicación, probablemente este año.
Bonus:
Sobre el autor: Luis Cruz-Villalobos, Ph.D. (Santiago de Chile, 1976) es escritor y psicólogo, especialista y posgraduado en psicología clínica, doctor en filosofía por la Vrije Universiteit Amsterdam, docente universitario y autor de una amplia obra literaria y académica. Se ha especializado en el estudio del afrontamiento posttraumático, la hermenéutica aplicada y las conexiones entre psicología y espiritualidad. Trabaja como psicoterapeuta desde 1999 y es docente de psicología de las emociones y de técnicas de intervención individual.
.jpg)


Comentarios