20200516

Hasta el diablo en cuarentena - Daniela Rosas





[Pintura de Enrique Collar]




Escrito en abril del 2020.


I

Era un viernes santo, pasando el medio día.
La primavera con todo su esplendor caminaba hacia el
Estío, pronosticando un torrido y largo verano.
La anciana mujer caminaba lentamente, con dificultad,
apoyada en el brazo izquierdo de un hombre,todavía
joven.
Conocían muy bien el caminito entre los monótonos
jardincitos, de pequeñas florcitas, que comenzaban a
darle color y amor a la aburrida callejuela, típica barriada
de ladrillos, entre la iglesia latina y Humanitas, residencia
de personas mayores en el norte de Rotterdam.
El sol primaveral se reflejaba con fuerza en los hermosos
vitrales de la vieja parroquia, como buscando un hueco
para alumbrar al viejo y gastado templo.
Un cielo azulado radiante raro en Holanda que si no
llueve esta nublado.
Doblando la esquina, casi chocaron con los bancos donde
los feligreses nunca se sientan. Desde ahi vieron al viejo párroco mirando el horizonte, pensativo, preocupado.
Las grandes puertas marrones estaban abiertas de par
en par.



II

La pandemia aceleraba su expansión por los cuatro
rincones del planeta. Los gobiernos y los líderes mundiales se esforzaban para detener la epidemia.

El coronavirus nos arrinconaba, nos confinaba a estar
Encerrados, asustados, apestados.
La soledad y la muerte nos acecha, nos contagia cada
día a familiares, amigos y vecinos.
Se han suspendido todo tipo de actividades en las
escuelas, en las universidades, en los bares, restauranes,
burdeles e iglesias.
El miedo y el aburrimiento comienzan a pasar factura,
la población sólo puede salir a comprar comida y papel
higiénico.
Saludamos al sacerdote con alegría y a la distancia.
Desde la puerta de entrada en la cabecera del altar
mayor, divisé la gran cruz de madera, impactante con
su lienzo blanco, símbolo del santo sudario, con el que
enterraron a Cristo los primeros cristianos.
El característico olor a cirio inundo mis sentidos, ni
una sola flor ni pa' remedio, al instante recordé que
en semana santa no se ponen flores, hasta Resurrección que se convierte en una pérgola blanca en el primer domingo de luna llena de esplendor.


III

Caminé entre los viejos y desgastados bancos que muy
bien conocía, arrastrando mis pasos por el largo pasillo,
apoyada en mi añoso bastón que siempre llevo en mi
cartera, donde cargo media casa, por si algo pasa.
Me lo regaló Juan Heinsohn hace mucho tiempo en mi
largo aprendizaje de bosquejo, dibujo y pintura.

En la tercera fila a la derecha encontré un lugar distanciado 
a metro y medio de dos de mis amigas que ocupaban los primeros 
asientos en la primera línea de las
beatas. Rezaban el Santo Rosario en voz baja.
Me estremea, me acordé, me había saltado las reglas
del sistema holandés que había dicho que los ancianos
nos quedaranos en casa "guardaditos", busqué mi rosario
y como siempre no lo encontré, tengo que ordenar esta
cartera, pensé.
Las campanas repicaban fuertísimo y como el temor
a Dios nunca se olvida, una pequeña alarma se trans-
formó en desconfianza, busqué refugio en el sagrario
pero estaba lejos, a mi derecha en las imágenes del
Via Cruces me recordaba a Jesús crucificado y por mís
pecados condenado.



IV

A la izquierda sentadita estaba Mayenca con la mirada
ausente con mazcarilla azul, guantes de látex, seria
como perro en bote y señalando hacia el techo, al es-
truendoso repiqueo me dijo:"ese debe ser don sata que
tiene libre hasta el domingo".
Yo ya comenzaba a rezar y al no poderme concentrar, a
hurtadillas, comencé a espíar y a contar los pocos feli-
greses que habían acudido al llamado de oración.

Al rato me hundí en una profunda reflexión.
No me dí cuenta que todos se habían marchado.
Las palomas en el techo, anidando y buscando refugio
me devolvieron a la realidad y el olor de las velas apa-
gadas me hizo estornudar.

Busqué mi teléfono y le mandé un whatsapp al gringo:
"Te estoy esperando a la salida, charlando con el padre",
contestó.

Habían cerrado todas las puertas, el camino de vuelta
en la oscuridad parece más largo (hablando conmigo
misma, como siempre) en voz alta: menos mal que nunca hice este recorrido de blanco y con ramito ja-ja-ja, manoteé el agua bendita y no había.


V

Pst... Pst... dama...
Me volví un par de pasos pensando que alguién se había
quedado rezagado en la rezadera.
Al regresar, levante la vista y arriba en el dintel del coro, sobre las puertas batientes muy sentado y con las piernas colgando, que me parecieron larguísimas con unos calcetines rojos hasta la rodilla y con zapato taco alto de estilo gótico.

Sus manos hermosas con dedos elegantes, con las uñas
bien pintadas con colores luminosos, cuando movía sus
manos parecían el arco iris, me acordé que cuando niña
las monjas me decían que el cachudo cuidaba al final
del arco iris la marmita con el oro que los duendes barba
roja al final se lo quedaron.
La capa corta de intensos colores, que iban desde el rojo
intenso, pasando al naranja fruta, descansando en el
Amarillo de los atardeceres quietos; no me dejaban ver
el resto de la vestimenta; levantó sus brazos hacia la
izquierda y le vi las alas! que estaban casi escondidas
bajo el manto. Voló hacia el rincón y se le escapó el
rabo!
Se puso cómodo, apoyado en la pared, me pareció muy
Viejo, pero bello como el sol.



VI

-Buenas señora me dijo;
-Buenas tardes don... don diablo contesté, ya que no
sabía donde ubicarlo a este demonio sin tridente, sin látigo y sin infierno.
-Qué se le ofrece le pregunté?
-Me esperan para irme a casa le dije.
-Necesito que me haga un favor, quiero irme de acá.
dijo el hombre de las calzetas rojas.
y porqué no se lo pide a otra persona le insinué.
-Nadie me lo haría, usted señora es la única persona
en esta iglesia que no cree en mí y no me tiene miedo,
porque él de la cruz la protege.
-Bajé le dijo la anciana
-No, dijo el angel del mal.
La última vez que lo hice durante un sábado de limpieza,
usted damita la muy picara, me engaño, me hizo bajar
para hablar de flores y al regresar a mis aposentos. Al
principio de la larga escalera, me encontré con cuatro bidones
de agua bendita y siete ristras de ajos.
Me tuve que asilar en el segundo piso que los holandeses
tienen vacío, menos mal que encontré una puerta que
da a la fundación de la iglesia, ahí me quedé viviendo
un tiempo, refugiado entre los chismes, los egoísmos y
los viejos sueños de querer ser solidario y altruista en
la casa de Dios.




VII

Me aburría peor que ahora así que me dediqué a asustar
a las voluntarias.
-Te acuerdas cuando escuchaban pasos en la escalera,
golpes al cerrar las puertas, manojos de llaves que se
perdían?
Habían varias que no querían quedarse a solas en la
oficina.
Al pasar los días urde una pequeña venganza, puse a
varias que te hicieran la vida imposible.
Usted soportaba los embates porque sabía que era yo
que estaba entre bambalinas con voz oculta y entre
risas.
Reconocí a una integrante del coro, amiguísima suya,
la atea de la iglesia, que se enamoró de tu marido, que
plancito más bonito y me salió redondito.
Como conozco a las mujeres humanas y los celos son su
parte débil y usted no es la excepción "Ardió Troya", te
echaron de la coordinación del coro, te peleaste con el
cura, te juzgaron en la junta como inquisición sin
conciencia y yo me divertía a lo loco porque nunca
suplicaste inocencia; Dios me castigó ahora en cuaren-
tena y con la iglesia vacía. No tengo a quien inducir
al pecado, las señoras de antes, aburridas de tantos y repetidos sermones, se dedicaban a platicar lindo entre notas musicales, con pasión, glorias y aleluyas, algunos cuernos resultaron.




VIII

Ahora todas se han vuelto fieles entre los kilos sobrantes y el calendario cruel que no perdona, a los músicos galantes también se les fue el cuarto de hora.
La mujer se acomodó en la silla que había colocado
junto a la mesita del kiosko de los santitos, mirando
hacia la puerta de entrada y de repente lo vió desamparado, cansado y aburrido al viejo diablo y lo entendió,
porque al final eran varios en el planeta que quieran
rejarse, hacia otros mundos.
El fue uno de los guerreros de fuego en la última rebelión
de los ángeles contra Dios, en la última gran batalla que
se libró en los cielos, donde el más hermoso de los ángeles "Lucifer", portador de la luz: perdió la batalla y el ejército de los ángeles rebeldes fue derrotado por Miguel Arcángel, fueron desterrados y condenados a vagar por el planeta, a vivir en panteones, en las torres de las iglesias o en los coros abandonados.

Cambiando el timbre de su voz, que pa' eso es diablo,
me dijo:
-Quiero que le lleves este mensaje a mi gente, por que
he recibido la señal que puedo volver a mi planeta. Los
humanos están tan pervertidos que no necesitan mensajeros como yo para alejarse de Dios.

Ellos están volviendo en grandes naves espaciales y yo
quiero irme.
-Y por que no los llama y se va a directamente.
le dije.
-Es difícil pasar desapercibido por la Coolsingel, por el
centro de Rotterdam con ésta indumentaria...
-Si fuera a finales de julio, lo meto en la comparsa de
Ivan Marín el colombiano en el Zomer Carnaval, le tapo
los cachitos con un sombrero y la cola se la pongo
de cinturón, le dije.
Oiga señor de rojo y por qué no se queda acá, hace
tanto que vive entre los humanos.
Le buscamos otra iglesia u otro trabajo, cambiar de
vida.

-Yo le puedo presentar a mis amigos que son "la raja".
La Carolina Castro te puede ayudar a cambiar el perfil,
ella hace actividades sociales, familiares.
Además te tiene buena porque dice que el dolor que
representas en la tierra es un papel mal asignado.

-La Xime Dávalos te va a encantar, cocina riquísimo,
ella piensa que Ud. es un diablo alegre y festivo.
Tiene un Círculo de amigas super top.
-Con el Lucho Alarcón tendrás farras interminables, sin
aburrirte jamás, pa' rumbear y conquistar chicas:
maestro!
-Marina Bretón, una maestra espiritual única, capaz de
demostrarte que todos los caminos conducen a la medi-
tación y de paso le acomoda los chacras.

Con Lilia Garrido se va de retiro espiritual, para Bélgica
y a filosofar se ha dicho.
Con la Rocío Alvarado a bailar salsa y a tomar cervecita
y su vida en la tierra será más bonita!

Y si quiere ponerle colores y pinceles a su larga existen-
cia con el mejor pintor del mundo Enrique.

No, no y no... no dejas hablar como siempre dijo el
pinche tiranito y rojito. Silencio y oscuridad total
y con la poca iluminación reinante, agarré mi cartera,
mi chalcito y mi bastoncito.
Con voz solemne y seria me dijo:
Ahí va el mensaje y las instrucciones: dónde, cómo y
cuándo pasarán los anunnakis con sus naves por éstas
latitudes.
Estaré esperando con mi equipaje listo.

También va un regalito en metálico para usted señora
que seguro con la cuarentena le esta faltando, no es
mucho, soy un diablo de iglesia pobre, antes tenía
Sociale Dienst y ahora estoy jubilado con A.O.W.

La bolita azul turqueza parecía una esfera del firma-
Mento, había volado desde el rincón del caballero
de rojo hasta mis manos, la mete en mi cartera
y ni adiós le dije.
La joven y su perrito Robito descubrieron el cuerpo
de la viejecita en el Euromast Park.
Llamaron al 112- diciendo que vengan pronto, que a
lo mejor era una víctima de corona virus.

En diez minutos llegó la ambulancia con su personal completamente equipado para éstas emergencias.

El bastón había volado un par de metros, la anciana
seguirá abrazada a su cartera sobre el verde césped
del parque, los destellos de la bola - mensaje se
habían apagado.

Pobre mujer! En la oscuridad de la noche, había con-
fundido las luces de la nave extraterrestre con la
luz de la antena de la torre del Euromast. SIN VéRTEBRAS. CíRCULO D.M.