20130317

Aletta Jacobs, ícono holandés en la lucha por la libertad de las mujeres



Por: Georgina Zinno.

Introducción.
Cada 8 de marzo se festeja en todo el mundo el día internacional de la mujer. Muchos se preguntarán por qué las mujeres tienen un día especial al año y qué es exactamente lo que se conmemora en este día?
Por eso quiero contarles sobre la vida de Aletta Jacobs, un ícono holandés en la lucha por la igualdad de derechos de las mujeres en el siglo 19.

Aletta Jacobs, una chica especial
La joven Aletta Jacobs creció y vivió en un pueblito de la provincia de Groningen, más precisamente en Sappemeer, entre prados, zanjas y vacas.
Si bien de apariencia ordinaria, Aletta era una chica especial. A los 17 años fue una de las primeras mujeres admitidas en la Universidad, siendo la primera en terminar una carrera universitaria. Además fue también la primera mujer en abrazar la carrera de medicina en toda Holanda. En la época de la que hablamos, ésto era imposible. Ninguna mujer tenía derecho a estudiar, menos que menos a dedicarse a una profesión como la medicina.
En el siglo 19, las niñas no podían ir al colegio secundario. No se les era permitido ni estudiar ni trabajar. Las chicas de familias ricas tenían que ser dulces y educadas. Su destino era casarse, ser madres y ocuparse de los menesteres de la casa.
Aletta Henriëtte Jacobs nació el 9 de febrero de 1854 en el seno de una familia judía y se esperaba que ella también siguiera el paso de esas otras mujeres condicionadas sólo por el hecho de nacer mujeres. Pero Aletta no quería saber nada con esto. Ella quería ir a la universidad, aprender una profesión y dedicarse a ello con todo el alma.
Aletta nació en una familia muy prolífica, siendo la número 8 de 11 hermanos! Su madre era ama de casa y su padre médico en el pueblito de Sappemeer. Aletta y su papá tenían una relación muy unida. Cuando volvía del colegio, siempre acompañaba a su padre a visitar a sus pacientes que vivían en las granjas cercanas. Muy pronto supo lo que quería ser, doctora como su papá.
En esas épocas tanto las niñas como los niños íban juntos a clase, pero las chicas debían dejar el colegio cuando llegaban a los 13 años de edad. Aletta era una chica inteligente y lo que más quería era seguir estudiando, pero eso no se podía en esas épocas.
Aletta se sentía frustrada, si no podía ir al colegio secundario, cómo íba a estudiar luego en la universidad y seguir los pasos de su padre?  Sólo en el colegio secundario podía estudiar las materias que le interesaban: matemáticas, física y latín, todas materias obligatorias para poder llegar a ser médico.
De ser una niña alegre, Aletta pasó a ser una chica triste. Lo último que quería hacer era tejer medias de lana y pasar el paño a la mugre de los armarios. Prefería sentarse a leer un libro, quería desarrollar su mente. Por suerte tuvo el apoyo del director del colegio secundario, que no veía nada malo en que Aletta siguiera algunas clases en su colegio. Cursó así en la Hogeere Burgeschool (HBS, equivalente al Atheneum) donde se recibió con su diploma de Farmacéutica.

Autorización del ministro
En 1871 Aletta hizo algo muy importante que decidiría su destino: le escribió una carta al ministro de Enseñanza por ese entonces, el señor Thorbecke. Le preguntó si podía estudiar Medicina en la Universidad de Groningen. El ministro envió su respuesta al padre de Aletta, diciéndole que le parecía bien que Aletta probara durante un año seguir esta carrera. Para ello también era necesario que el padre de Aletta diera su consentimiento. Sus padres tenían dudas, tenían miedo que los estudios fueran demasiado pesados para su hija. Tras varias conversaciones, decidieron autorizar a su hija a estudiar durante un año en la Universidad de Groningen.
Aletta fue a la universidad y se encontró a gusto. En 1872 volvió a escribirle una carta al ministro. Le preguntó si le permitía continuar sus estudios. Esta vez el ministro Thorbecke envió su respuesta a la misma Aletta contestando que sí, que se le autorizaba a continuar con los estudios de medicina. Esta sería una de las últimas cosas que el ministro haría, ya que varios días después de enviada su carta, fallecería.
La doctora Aletta
Aletta fue la primer mujer que recibió su diploma de doctora. Tras sus estudios, diploma en mano, decidió mudarse a vivir a la ciudad de Amsterdam para trabajar como médica. Ayudaba a mujeres ricas y también daba ayuda gratis a mujeres pobres. En esa época, en Amsterdam vivían muchas personas en condiciones paupérrimas, habitando casas pequeñas y pobres. Esa gente no tenía dinero, sus hijos sufrían hambre y había una gran mortandad infantil.
Aletta les daba anticonceptivos a las mujeres, para que no quedaran embarazadas tan frecuentemente. En estas condiciones era más fácil cuidar a dos o tres niños en vez de a 10, 11 como era típico en la época.
Aletta también veía que el trabajo de la mujer era siempre muy pesado. Por ejemplo en las tiendas, las chicas tenían que levantarse muy temprano y trabajar hasta muy tarde, haciendo jornadas laborales de más de 12 horas seguidas sin tener la posibilidad de sentarse ni una sola vez! Tampoco podían sentarse cuando no había clientes en la tienda. Las chicas terminaban agotadas y esto repercutía en sus cuerpos y su salud.
Aletta junto a otras mujeres pidieron que se pusieran sillas para las dependientas. Tras varios años de esfuerzo lo consiguió. En 1920 apareció una ley que obligaba a los dueños de las tiendas a poner sillas para su personal.
Las mujeres fueron las que más valoraron los esfuerzos de Aletta, era la primera vez que alguien las tomaba en serio y luchaba por más igualdad respecto de los hombres. Pero mucha gente no veía con buenos ojos las buenas intenciones de Aletta. Resultando así en campañas de blasfemia en los periódicos. Aletta empezó a recibir cartas de amenazas e insultos.
Uno de sus hermanos sientió gran vergüenza por su hermana, declarándola ‘muerta’ a sus ojos. Por supuesto esto afectó profundamente a Aletta, pero no por eso dejó de luchar por los derechos de las mujeres y las niñas.

Las mujeres en el siglo 19
En el siglo 19 las mujeres no podían opinar. En casa el hombre era el jefe. Si la mujer no estaba de acuerdo con su marido, era su problema. Las mujeres eran según la ley, handelingsonbekwaam (incapacitadas). Tampoco podían tomar sus propias decisiones. En las familias ricas era un escándalo si la mujer ganaba dinero. Una ‘chica buena’ se quedaba siempre en casa, vestida con un lindo vestido con el cual apenas podía moverse. Tenía que esperar hasta que viniera un hombre a pedir su mano y casarse. Si no venía ningún hombre era una gran tragedia. Entonces tenía que irse a vivir a casa de algún familiar para el resto de su vida. Esto hacía la vida de muchas mujeres tediosa y aburrida.
En las familias pobres la mujer, al igual que el hombre, tenía que salir a trabajar. El dinero apenas alcanzaba. Cuando la mujer volvía de su trabajo tenía que dedicarse a los quehaceres de la casa. Estas mujeres tenían una vida muy dura y muy poca libertad.

Nuevas ideas
A partir del 1850 cada vez más hombres y mujeres opinaban que las mujeres tenían derecho también a ganar dinero y tener su propia vida. Así nació la emancipación: dándoles a las mujeres la posibilidad de valerse por sí mismas, tratándolas con igualdad y no como seres inferiores. Esto no sólo ocurría en Holanda, sino también en otras partes del mundo. Las nuevas ideas sobre la emancipación de las mujeres llegaban desde el nuevo mundo, los Estados Unidos de América. Allí las mujeres podían ir al colegio secundario, estudiar en la universidad o trabajar en empresas.
Gracias a Aletta y al ministro Thorbecke, las mujeres en Holanda pudieron acceder a la enseñanza secundaria.

Mujeres luchadoras
El final del siglo 19 y principios del 20 es un período muy especial en la historia del mundo. Los trenes, teléfonos y la luz eléctrica ya eran de uso corriente. En las calles ya se veían los primeros automóviles.
También fue el tiempo de la primera ola del feminismo. En todas partes mujeres de todo tipo, jóvenes y viejas, pensaron en que tenían que trabajar conjuntamente para tener una mejor vida. Estas mujeres se llamaron a sí mismas feministas. Las feministas exigían naturalmente el derecho a trabajar e ir al colegio. Pero también querían tener derecho a votar. Junto a los hombres querían poder tener el derecho de decidir quién sería miembro del consejo y de la segunda cámara (Tweede Kamer). Este derecho femenino al sufragio fue el punto cúlmine de la primera ola feminista.
En 1883 Aletta Jacobs preguntó al alcalde y a los miembros del consejo de Amsterdam si era posible que las mujeres pudieran votar. En la ley no se decía nada sobre la prohibición a las mujeres de poder votar, sólo se decía que para poder votar se tenía que tener mucho dinero. Igualmente, hasta ese momento ninguna mujer había votado. Los hombres del consejo no veían con buenos ojos que Aletta quisiera cambiar las leyes. Se rieron de sus propuestas y dijeron que NO. Aun en estas épocas mucha gente veía a las mujeres como seres inferiores que no podían pensar por sí mismas. Y por esa razón consideraban nefasto dejar a las mujeres tomar semejantes decisiones de tipo político. Para complicar más las cosas, y asegurarse que la ley fuera clara, se decidió cambiar la Constitución en 1884, de ahí en adelante se constituía un derecho al sufragio sólo a los hombres ricos.

Lucha y amor
Toda lucha tiene dos caras, en este caso, la cara de la moneda es la vida que compartió junto a su compañero Carel Victor Gerritsen, un apasionado de la sociología y firme partidario por el derecho al voto femenino. De esta amistad surgió el amor, y la pareja aunque deseaban vivir una relación libre de las leyes del matrimonio de ese entonces, se casaron sólo porque querían tener hijos. Tuvieron un hijo, que sólo vivió un día, a causa de un fallo médico.
Tras años de tristeza, decidieron viajar juntos por el mundo en su lucha por el derecho femenino a votar. En 1905 Carel se enfermó pero igual continuaron su viaje a América. Tras el regreso, su salud fue empeorando y finalmente falleció Carel tras una larga agonía. Su muerte significó para Aletta dedicarse con más ahínco a su lucha.
En 1894 ya existía un pequeño grupo de mujeres que había fundado la Asociación para el Derecho Femenino de Sufragio (Vereeniging voor Vrouwenkiesrecht). Nestas mujeres no tenían miedo a dar su opinión. Aletta se hizo miembro de esta asociación en 1903 y fue luego elegida presidente. Incluso dejó su trabajo de doctora. De aquí en adelante, Aletta dedicó su vida a luchar por el derecho femenino al sufragio en cuerpo y alma. Las mujeres que eran miembros de esta asociación escribían cartas al gobierno y a la Segunda Cámara. Mantenían charlas y debates por todo el país.También escribían  artículos en el diario y en revistas. En el principio eran un pequeño grupo, luego llegaron a ser más de 22.000 mujeres miembros en todo el país!
En 1915 hubo un congreso internacional para mujeres en la ciudad de Den Haag que trataría el sufragio femenino como eje central, pero tras irrumpir la Primera Guerra Mundial no se logró ningún cambio importante.
La asociación tenía contacto con feministas de otros países. Por ejemplo con las Suffragettes, un grupo de feministas británicas que hacía mucho tiempo libraban su lucha por el derecho al sufragio en su país. Pero hasta el momento habían logrado poco y nada y empezaron a desesperarse. Las suffragettes comenzaron a sentir enojo por la situación y en un acto de desesperación y violencia, rompieron vitrinas y ventanas, cortaron cables de  teléfonos y con estos se ataban a sí mismas a las vallas. Cientos de suffragettes fueron arrojadas a la cárcel.

Acción
En 1968 comenzó la segunda ola feminista en Holanda. Al igual que a fines del siglo 19, las mujeres estaban muy insatisfechas de la aburrida vida que la sociedad las obligaba a llevar. Según la ley tanto los hombres como las mujeres eran iguales. Pero en la vida diaria las mujeres tenían que planchar, lavar, cocinar y cuidar a sus hijos. Y ésto era también aun teniendo una carrera universitaria o un buen trabajo. Las mujeres casadas eran frecuentemente despedidas de sus trabajos. Para las madres era casi imposible salir a trabajar. En todo el país era prácticamente imposible encontrar guarderías que cuidaran a los niños.
En 1968 la asociación feminista Man Vrouw Maatschappij (Hombre Mujer Sociedad) se rebeló en contra de la sociedad. Lo hicieron de una manera lógica y sensata, escribiendo cartas a la Segunda Cámara y manteniendo encuentros y reuniones. Muchas mujeres no veían que de esta manera cambiara algo. En 1969 se fundó la asociación feminista Dolle Mina. Como un huracán, Dolle Mina arrasó toda Holanda. Al principio eran sólo un grupo de chicas jóvenes descaradas. Con acciones de poca envergadura se animaban a hacer demostraciones públicas, como la famosa de quemar un corpiño. Aparecían en las noticias de los periódicos, luego en la radio y la televisión. En tan sólo pocas semanas, el movimiento feminista de Dolle Mina había logrado su cometido: sacudir la opinión  de todos los holandeses. En todas partes empezaron a aparecer grupos similares, como hongos salidos de la tierra.

Igualdad en los salarios
Si bien contestarias y un poco chifladas, las chicas de Dolle Mina tenían serios objetivos. Pedían guarderías gratuitas para mujeres que trabajaban. Igualdad en la remuneración por  trabajo de igual valor. Si bien hoy ésto nos suena lógico, en estas épocas no era así. Las mujeres recibían mucho menos dinero aun así hicieran el mismo trabajo que los hombres.
Empezaron a aparecer nuevos grupos feministas. Los hombres no eran bienvenidos. En las vrouwenhuizen (casas de mujeres) y grupos de charlas las mujeres podían hablar sobre su vida con otras mujeres. Por primera vez se animaron a decir que tener hijos no era siempre tan bueno. Que les molestaba estar todo el día sentadas en la casa, mientras los niños íban al colegio y sus maridos trabajaban. Que sus maridos también deberían saber pasar la aspiradora o cocinar. Muchas mujeres pasaban por lo mismo. Juntas empezaron a buscar soluciones.
Poco a poco muchos holandeses empezaron a darse cuenta que lo que las feministas decían tenían razón. Hubo más guarderías, resultando normal que las madres pudieran trabajar. Por primera vez se veían padres llevando el cochecito de los niños. Lo que fue de mucha importancia fue la ejecución de la Ley de igualdad de trato de hombres y mujeres (Wet gelijke behandeling van mannen en vrouwen) en 1980. Desde ese momento las mujeres pueden hacer uso de sus derechos legales si se les paga menos salario que a sus colegas hombres. O si las despiden de su trabajo por quedarse embarazadas.
La segunda ola feminista en los Países Bajos duró hasta 1981. Después, las mujeres se dieron cuenta que podían arreglárselas bien solas. Ya no necesitaban grupos de charla o casas de mujeres para valerse por sí mismas.
Igualmente en 1990 se dió la tercera ola feminista, con el derecho de las niñas y mujeres de origen turco y marroquí. Los padres de estas niñas sólo querían que sus hijas se casaran y tuvieran hijos. Pero estas niñas eran tan o más inteligentes que sus pares de origen holandés. Así,  se pusieron en pie por sus derechos y desde ese momento han obtenido muchos resultados. Hoy mismo podemos ver mujeres de todos los orígenes trabajando en la Segunda Cámara, la municipalidad y tantos otros puestos de trabajo que siempre habían sido destinados a los hombres.

Las mujeres en la actualidad
Desde el siglo 19 las mujeres de todo el mundo han luchado por su libertad. En muchos lugares con gran éxito, pero aun hoy en día vemos en todas partes que estas leyes de igualdad de vean cumplidas. En muchos países hay niñas y mujeres que no pueden ir al colegio. Tienen que obedecer a sus padres y maridos. Casarse, tener hijos y cuidar la casa es para muchas mujeres en el mundo su único destino.
En los Países Bajos todas las mujeres pueden hacer y decir lo que quieran. Pero aun así no es todo ideal. Muchas mujeres reciben menos salario que sus colegas masculinos por el mismo trabajo. Se ven pocas mujeres en puestos de alto rango en comparación con sus pares hombres, muchas empresas tienen directores y managers masculinos. Y en trabajos peor pagos sigue habiendo más mujeres que hombres como  los son los de cuidadores de niños y ancianos. En casa sigue siendo la mujer la que más frecuentemente se ocupa de los quehaceres y el cuidado de los niños. Pero entretanto, las niñas van al colegio y a la universidad. Aprenden a pensar y aprenden un oficio.
Igualmente muchas cosas quizás no cambien nunca. Las mujeres que tenemos hijos nos seguimos preguntando ¿cómo cuidar a nuestros hijos y al mismo tiempo trabajar? Lo bueno es que en Holanda todos tenemos la posibilidad de buscar una solución. A nadie le parece hoy raro ver a un hombre llevando el carrito de su bebé. Como madre las mujeres pueden decidir quedarse en casa, cuidar a los niños y cocinar. Pero también pueden trabajar cinco días a la semana, ganar dinero y dejar la cocina y otros menesteres a sus maridos/parejas. Y eso, gracias a Aletta Jacobs.

Aletta y su patrimonio cultural  hasta el día de hoy
A la edad de 70 años Aletta Jacobs recibió el apoyo y la admiración de toda Holanda. Con una gran fiesta conmemorando su cumpleaños, en 1924. 5 años después, el 8 de marzo de 1929, los holandeses se dieron cuenta que Aletta ya llevaba 50 años de lucha ininterrumpida por la libertad de las mujeres. El 10 de agosto de este mismo año, a pesar de todos sus planes y sueños, fallece Aletta Jacobs. Tras su cremación (deseo que dejó escrito en su testamento), se filmó su tan concurrido funeral y aun hoy es un documento que deja constancia de su gran importancia.
En el año 1935 se fundó la IAV (Internationaal Archief van Vrouwenbeweging), Archivo Internacional del Movimiento de la Mujer. Las feministas Rosa Manus, Johanna Naber y Willemijn Posthumus-van der Goot fueron las fundadoras de lo que en ese momento fuera el archivo y biblioteca que conservara todo el patrimonio (o matrimonio?) del movimiento de las mujeres. Con trabajos científicos y de investigación sociológica que estimulan el posicionamiento de la mujer en la historia.
Al mismo tiempo que se fundó el Archivo, el marido de Willemijn Posthumus-van der Goot, Nicolaas W. Posthumus fundó el IISG (Internationaal Instituut voor Sociale Geshiedenis), Instituto Internacional de Historia Sociológica. Hasta 1981 ambas fundaciones convivirían en el mismo edificio. En 1935, tras la primera ola feminista, muchas mujeres que habían estado activas murieron o eran demasiado ancianas para seguirlo. Las mujeres fundadoras del IAV consideraron importante mantener viva la memoria de todo este movimiento y por esa razón crearon el archivo. Además, las jóvenes feministas de los años 30 tenían la necesidad de tener conocimientos bien documentados sobre las acciones realizadas en el pasado del movimiento feminista.
El comienzo de la colección fue el archivo que la misma Aletta Jacobs poseía, al ser la primera médica luchadora por los derechos de las mujeres en Holanda poseía una importante colección en su haber. El archivo contenía cartas, libros, documentos, artículos en la prensa, que la propia Rosa Manus habría donado al IAV.
Durante la Segunda Guerra Mundial gran parte de la colección del IAV fue saqueada por los alemanes. Tras la guerra apenas se consiguió recuperar el 10% de lo que se habían robado. Cuando se reabrió el archivo, en 1947, casi la totalidad de sus estantes estaban vacíos. Fue una ardua búsqueda que logró sus frutos al recuperarse muchos años después. Precisamente en 1992, muchos de los documentos robados aparecieron en Moscú y fueron regresados a su sede de Amsterdam.
Durante la segunda ola feminista, en los años 70, el IAV creció de gran manera. 1975 fue declarado el año internacional de la mujer, obteniendo el IAV subsidios del gobierno holandés que le permitieron pagarle salarios a las mujeres que allí trabajaban y aumentar la colección. Especialmente afiches que recién en el año 2003 fueron digitalizados y hoy en día pueden verse online.
En 1981, el IAV había crecido desmesurablemente, lo cual lo obligó a mudarse de la Herengracht a la Keizersgracht, junto con el IDC (Informatie- en Documentatiecentrum voor  de Vrouwenbeweging), quienes más que nada archivan y coleccionan información actual y LOVER, una revista sobre ‘feminismo, cultura y ciencias’. En 1988 estas tres organizaciones se fusionaron y crearon la IIAV (Internationaal Informatiecentrum en Archief voor de Vrouwenbeweging).
En el año 1992, tras la era tecnológica de las computadoras, se logró digitalizar gran parte del catálogo de todo el trabajo de archivo que hasta el momento se venía haciendo con microfichas y bancos de tarjetas, o sea de forma manual. En la sala de estudios se puede buscar sobre distintos temas con computadoras para tal fin. Y para un mejor búsqueda se se creó el Vrouwenthesaurus, una lista con términos de búsquesa específicos  según el tema y facilitar la búsqueda en la vasta colección.

Atención a las mujeres inmigrantes y refugiadas
Fue en 1995 que se le empieza a dar más atención al movimiento de mujeres inmigrantes y refugiadas en los Países Bajos, coleccionando información y como punta de lanza para los tiempos que vendrían. La idea central era que el pluralismo de las mujeres en el IIAV debía ser más visible.
El 15% del material de la actual colección está dedicado a este tema. En 2002 IIAV tomó la iniciativa de crear la Cátedra de Género y Etnicidad en la Universidad de Utrecht. La profesora dra. Gloria de Wekker es la que lleva esta cátedra y es profesora asociada al actual Instituto Aletta.
Con el proyecto “Haar geschiedenis” (Su Historia, la historia de ella), la fundación creó una website interactiva sobre la historia de las mujeres de Marruecos, Suriname, y  aquellas mujeres con raíces en las Indias Orientales Holandesas para transmitir las historias de vida que sus madres y abuelas les hubieran contado.

2009 nueva cara y nuevo nombre
Tras grandes logros en el terreno por continuar proyectos y aumentar la colección, en el año 2009, el IIAV comienza una nueva era cambiando su estilo, su nombre y con la aparición de su propia website. Con su nueva vida y tras casi 75 años de vida, el IIAV pasó a llevar el nombre de su inspiradora, Aletta, Instituut voor Vrouwengeschiedenis (Aletta, Instituto de Historia de la Mujer).
En septiembre del 2011, el Instituto aterrizó en su actual localidad, en el centro de Amsterdam, en el edificio De Vijzel en la calle Vijzelstraat 20.

Atria = Aletta + E-quality
El 27 de enero de 2012, Aletta, Instituut voor Vrouwengeschiedenis y E-quality, centro de conocimiento para la emancipación, familia y diversidad decidieron fusionarse como un instituto de conocimiento para la emancipación y la historia de las mujeres.
Hoy, esa fusión lleva el nombre de Atria. Un nombre de gran simbolismo sobre lo que representa como institución el conocimiento: pensando en la mujer, en la masculinidad y la femineidad, el género y todo lo que predomina en el conocimiento de éstos. Atria es el plural de la palabra atrio, que se refiere al espacio. Imaginando el espacio como para hacer camino, hacer espacio. El instituto de investigación tiene como objetivo ser el lugar donde se asiente el conocimiento acerca de las mujeres y los hombres, el feminismo, la emancipación de la mujer y la historia de las mujeres en el mundo.

Día Internacional de la Mujer
Entonces, volvemos al comienzo. ­­El día internacional de la mujer se festeja según consenso general cada 8 de marzo. ¿Por qué? Y ¿qué es lo que en realidad celebramos?
El día 8 de marzo está marcado en el calendario como un día de conmemoración por la lucha y el sentimiento de solidaridad de las mujeres de todo el mundo. Y cada año se le da especial atención a un tema diferente. El día internacional de la mujer empezó a ponerse en práctica trasla primera vez que la mujer  se hubiera puesto en pie por sus derechos, en particular en el ámbito del trabajo y del sufragio.

Historia
El 8 de marzo de 1908 en la ciudad de New York fue una fecha especial porque se originó la primera huelga femenina. La huelga estaba dirigida en contra de las malas condiciones laborales en la industria textil  y se cobró su fama gracias al slogan poético de las mujeres que pedían ´pan y rosas´. La huelga se dió como el comienzo de la lucha por la emancipación de la mujer y contra la discriminación de las mujeres. En 1911 la socialista alemana Clara Zetkin proclamó el Día Internacional de la Mujer durante una conferencia de mujeres socialistas en la ciudad de Copenhague. Esta fecha no fue inmediatamente aceptada a nivel mundial, en los Países Bajos se celebró por primera vez un 12 de mayo de 1912.
El 8 de marzo de 1917 estalló en la ciudad de San Petersburgo (actual Rusia) una huelga de empleadas en la industria textil a cargo de la revolucionaria Alexandria Kollontai. A raíz de este hecho, el Secretariado Internacional de la Mujer de la Tercera Internacional Comunista de 1921 optó por esta fecha como día definitivo para conmemorar el Día Internacional de la Mujer.
Durante la llamada ´guerra fría´ esta celebración de tipo socialista estuvo bajo sospecha por ser celebrada en los países miembros de la OTAN. Muchos países capitalistas optaron por no celebrarlo.
A partir de los años 60, durante la segunda ola feminista, el Día Internacional de la Mujer volvió a ser celebrado por completo, y se realizó a través de manifestaciones, reuniones y conferencias. Así, mujeres de todos los países en el mundo, denominaciones y partidarias de cualquier partido político formaron parte de la celebración.
En 1978 las Naciones Unidas declararon oficialmente el 8 de marzo como el Día Internacional de la Mujer.
En el año 2011 se celebró el primer siglo de este día. Este día, 100 años antes habría sido celebrado en países como Alemania, Dinamarca, Austria, Suiza y los Estados Unidos de América.
En Holanda fue un año después, en 1912 y se celebró un 12 de mayo. El día estuvo marcado por el tema ´sufragio de la mujer´.

Epílogo
Para finalizar me gustaría decir que hay y ha habido siempre controversia acerca del movimiento feminista. Sin ir más lejos, tengo amigas que piensan que ´el haber quemado corpiños fue una tontería´. Creo que, más allá de quemar un corpiño, el movimiento feminista lo que consiguió fue que hoy en día las mujeres podamos tener una vida más digna.
Por otro lado, a los que me tachan de feminista siempre les aclaro: no soy feminista, sino femenina. Porque las feministas, lamentablemente han dejado su huella en la historia como marimachos y mujeres que odian a los hombres. Creo que ahí hay un gran malentendido. Ser mujer y luchar por un lugar que nos merecemos, porque es nuestro por derecho biológico y natural, no quiere decir convertirse en una mujer tan fuerte como un hombre. No creo que la igualdad pase por parecernos al macho, sino al contrario, por enriquecerlo con nuestras diferencias. Estas diferencias, no tan sutiles, nos han dejado al costado de la historia. Hoy por hoy las mujeres hemos demostrado que somos tan capaces como los hombres, que podemos hacer muchas cosas al mismo tiempo, que nos merecemos nuestro lugar en el mundo, pero seguimos siendo mujeres, sensibles y sensatas, como todas aquellas mujeres en la historia apenas lograron demostrar. Es un hecho que para fortalecer esta imagen debemos trabajar juntas, como hermanas, amigas, hijas, madres, abuelas, tías, primas. Pero sobre todo, como compañeras de camino. De aquí al futuro, sólo restan un par de pasos. Caminémoslo juntas. AL FONDO HAY SITIO. CíRCULO D.M.

1 reacties:

  • Anónimo says:
    29 de marzo de 2013, 6:05:00 a.m. UTC

    Feminism is elite social engineering designed to destroy gender identity by making women masculine and men feminine.  Increasingly heterosexuals are conditioned to behave like homosexuals who generally don't marry and have children. Courtship and monogamy  are being replaced by sexual promiscuity, prophesied in Aldous Huxley's Brave New World.


    "The gesture of a man opening a door for a woman illustrates how men and women relate. We all know that a woman can open a door herself. But when a man does it, he is affirming her femininity, beauty and charm. When she graciously accepts, she is validating his masculine power. This trade, a woman surrendering physical power in exchange for a man's protection (i.e. love) is the essence of heterosexuality. In order to develop emotionally, men and women need this mutual validation as much as sex itself. Sex is an expression of this exclusive contract.

    Under the toxic influence of feminism, women open their own doors. Neither sexual identity is validated; neither sex matures emotionally. Men feel redundant and impotent; women feel rejected and unloved."
    sam pietri